sábado, 1 de mayo de 2010

Cartas de un Ángel: Carta siete



El cuerpo humano es un instrumento perfecto. Dios nunca pensó en crear monstruos o cuerpos infectados. Cada uno de nosotros atrae las enfermedades o dolencias con nuestras mentes o abusando nuestros cuerpos. Envidia, odio, codicia o avaricia generalmente producen cáncer, úlceras o alguna enfermedad de estómago. Mirándolo desde aquí todo está muy claro. Si nosotros hubiéramos sabido esto cuando éramos humanos, las cosas hubieran sido mucho más fáciles. Muchas personas hablaron sobre esto. Existen centenares de libros sobre estos temas, pero nosotros no escuchamos. Nosotros decidimos seguir tomando medicinas o calmantes y agraviar nuestros cuerpos continuamente. Cuando nosotros bajamos a la Tierra para ayudar a los humanos que nos lo piden, nosotros insistimos en sugerir que la cura está en sus mentes. Para mostrar nuestra presencia generalmente hacemos vibrar nuestra energía hasta un cierto límite hasta que formamos una imagen. Las mentes humanas son muy tercas. Nosotros no podemos obligar a alguien a tomar una decisión, pero podemos enviar mensajes o podemos mostrarles sus acciones o incluso las consecuencias, para hacerles entender. Muchas veces sabemos que ciertas personas se morirán inhalando humo de tabaco, así que nosotros bajamos para ayudar a otros a crear mensajes contra el cigarrillo y sus consecuencias, pero los fumadores son insensibles. Ellos no se preocupan por ellos mismos y menos por los demás.
Cuando Dios nos trajo a esta dimensión, entonces entendimos por primera vez lo que Él siempre nos había dicho: Dios te ama, sin tener en cuenta tus acciones, Él está siempre allí para ti. Él no te puso en este mundo para sufrir.
De “Cartas de un Ángel” de Oscar Castagna.

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