martes, 10 de mayo de 2022

La Shambala legendaria

 

 


 

En realidad, la búsqueda de Shambala en el Tíbet o donde quiera que la ubiquen no tendría sentido. ¿El motivo? Simple y sencillo, es un lugar que existe en un realismo místico, es decir, no está en el mundo físico.

En Shambala se puede estudiar con maestros espirituales que han trascendido el plano físico de la Tierra. Es decir, es un lugar en el que se aprende la alineación perfecta de cuerpo y espíritu, donde se encuentra la unidad de y con el universo.

Para la cultura tibetana, este es un reino oculto en el que viven seres perfectos o semiperfectos. Ellos guían la evolución humana a través del Kalachakra, que se considera como una gran rama esotérica del misticismo del Tíbet.

Pero, siendo Shambala un lugar no físico, ¿no sería posible que cada uno que sea capaz de encontrarse a sí mismo junto al universo pueda acceder a esta fuente de sabiduría? Al estar en un plano espiritual, en realidad, podría ser otra realidad, aunque quizás más alejada de la verdad, pero igualmente posible.

Sea como fuere, se dice que el Kalachakra ha estado en la India durante miles de años hasta que emprendió camino hacia el Tíbet en 1026. Entonces, fue cuando el concepto de Shambala volvió a retomar fuerza.

Desde ese momento y durante más de 900 años, los maestros del Tíbet han estudiado el Kalachakra, tal vez una búsqueda de Shambala interior que por mucho tiempo no se exportó fuera de las fronteras tibetanas.

Este misticismo tibetano cogía fuerza por medio del estudio, de la meditación, de la ciencia y de la astrología. Todo ello es óbice para guiar una vida plena, sabia y constante durante decenas, incluso centenares de años de sabiduría.

La búsqueda de Shambala en su versión más mítica y legendaria sigue siendo llamativa. Si observamos los textos tibetanos, encontramos que entramos en un terreno místico en detalle, pero de naturaleza física.

Para los tibetanos, Shambala es un loto de ocho pétalos, o sea, una comparación que la asemeja a un lugar con ocho regiones en total.

Además, cada una de estas zonas se rodea de un anillo de montañas, estando en el centro la parte más interna, que sería Kalapa, la capital.

A su vez, este centro estaría rodeado de montañas de hielo que lucen con luz cristalina con un fervor enorme.

Sin embargo, entramos en terrenos farragosos cuando hablamos de una Shambala mística y misteriosa y a la vez tecnológica. Y es que se supone con tiene unos avances que no son comprensibles para el ser humano.

A lo largo del palacio de Shambala encontramos claraboyas especiales cuyas lentes permiten observar la vida extraterrestre, pues son telescopios de una potencia cuya explicación escapa a la mente humana.

Es decir, que, durante años, tal vez siglos o milenios, los habitantes de este Shangri-La habrían estado investigando todas las formas de vida del universo.

También existen versiones que afirman que la ciudad posee un sistema de túneles subterráneos por los que transitan coches especiales. Mientras, por su cielo vuelan aviones de alta tecnología.

Y respecto a las gentes que se encuentran tras la búsqueda de Shambala, encontramos a seres que han visto la luz, por lo que su poder de clarividencia y su habilidad para moverse son desconocidas para nosotros.

Pueden desplazarse a gran velocidad e incluso materializarse a voluntad o desaparecer si así lo desean.

Es obvio que estamos hablando de un lugar especial. Para los tibetanos, Shambala está habitada por seres con poderes sobrehumanos.

El único dato veraz que podríamos disponer dependería del periódico hindú el Statesman, en cuyas páginas se afirmó hace más de 100 años que un comandante británico de acampada en el Himalaya vislumbró a un hombre vestido de claro, con pelo largo y gran estatura, que podría ser un habitante del verdadero Shangri-La. Pero no existe confirmación al respecto.

Según contaba la noticia, este gran hombre se sintió observado y desapareció por la ladera vertical del lugar. El comandante quedó asombrado, pero los tibetanos que lo acompañaban no. Le explicaron que era una de las personas encargadas de cuidar la tierra sagrada.

Siguiendo esta historia, autoras como la ya nombrada Alexandra David-Neel ha especulado sobre el tema en su obra.

Esta exploradora que pasó unos 14 años en el Tíbet exploró la zona del Himalaya en ese tiempo. Según su propia versión y vivencia, también observó a un hombre moverse con extremada velocidad.

A raíz de los escritos de David-Neel, estos seres poseían caras impasibles, en perfecta calma.

En sus rostros tranquilos se observaban ojos muy abiertos y miradas fijas y distantes, casi invisibles.

Al encontrarse con humanos, no solían correr, más bien se movían en base a saltos. Es decir, estaban dotados de una elasticidad superior que les permitía rebotar siempre que sus pies tocasen el suelo. En sus pasos largos se observaba la regularidad de un péndulo.

 

hermandad Blanca


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