sábado, 8 de junio de 2019

Para pensar: El Anillo

Una vez un joven fue visitar a un
gran maestro... -Vengo maestro,
porque me siento tan poca cosa que
no tengo fuerzas para hacer nada.
Me dicen que no hago nada bien,
que soy torpe, nadie me quiere.
¿Cómo puedo mejorar?, ¿qué
puedo hacer para que me valoren
más?

El maestro le dijo: -Cuánto lo
siento muchacho, no puedo
ayudarte, debo resolver primero mi
propio problema. Quizá después... -Y haciendo una pausa agregó: -Si
quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y
tal vez después pueda ayudar.

E.... encantado maestro -titubeó el joven, pero sintió que otra vez era
desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien -asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba puesto en el dedo
pequeño de la mano izquierda y se lo dio al muchacho, agregó: -Toma el
caballo que está ahí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este
anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él
la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete
y regresa lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió.

Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban
con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le
daban vuelta la cara, hasta que un viejito se tomó la molestia de explicarle
que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un
anillo. Después de ofrecer su joya a todo el que se cruzaba en su camino, y
abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Entró a la habitación,
donde estaba el maestro, y le dijo: -Maestro, lo siento, pero no es posible
conseguir lo que me pediste. Quizá pudiera conseguir dos o tres monedas
de plata, pero no creo que pueda engañar a nadie respecto al verdadero
valor del anillo. -Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó
sonriente el maestro -Debemos primero saber el verdadero valor del anillo.

Vuelve a montar y vete al joyero. Quién mejor que él para saberlo. Dile que
quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. No importa lo
que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

Llegó a la joyería, el joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró
con su lupa, lo pesó, y luego dijo: -Dile al maestro, muchacho, que, si lo
quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-¡¿58 monedas?! - exclamó el joven. -Sí -replicó el joyero -Yo sé que con
tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la
venta es urgente... El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el
maestro después de
escucharlo. -Tú eres
como este anillo: una
joya, valiosa y única.
Y como tal, sólo
puede evaluarte
verdaderamente un
experto. ¿Qué haces
por la vida
pretendiendo que
cualquiera descubra
tu verdadero valor?
Y diciendo esto,
volvió a ponerse el
anillo en el dedo
pequeño de su mano izquierda.

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