sábado, 18 de abril de 2020

La cueva de los Tayos (última parte)

S.C.: Móricz declaró públicamente que en la biblioteca que había descubierto estaba contenida la historia de una civilización olvidada. Pero también indicó que las tablillas metálicas mostraban una escritura ideográfica desconocida, tal vez cuneiforme. Uno se pregunta cómo Móricz podía saber cuál era el auténtico contenido de la biblioteca. ¿No le parece una contradicción?

G.P.: No hay que olvidar lo que Móricz dijera durante la conferencia que tuvo lugar en la Casa de la Cultura Ecuatoriana el 26 de diciembre 1969 en referencia a las tablillas de oro húngaras, similares a las encontradas en el mundo subterráneo de Ecuador: «El contenido de estos documentos es muy fácil de leer porque conocemos bien la antigua escritura zeti, que es cuneiforme y se ha estudiado en profundidad». Móricz conocía muy bien dicha es critura, podía descifrarla sin ninguna dificultad y es muy probable que entendiera rápidamente qué tipo de documentos había en la cueva de los Tayos. Además, no recuerdo haberle oído decir que no entendiera el contenido de los escritos de la biblioteca de metal, más bien lo contrario. De hecho, en el documento donde comunicaba su descubrimiento, indicaba que tales archivos contenían la historia de la humanidad, el origen del hombre en la Tierra y el conocimiento de una civilización extinta. Por cierto, en opinión del filólogo Manuel Palacios Villavicencio, la escritura zeti coincide en gran medida con el húngaro o székely.

S.C.: Durante los años en que estuvo trabajando en Ecuador, Móricz colaboró con su amigo húngaro Zoltan Czellar, un personaje muy especial. ¿Llegó a conocerle?

G.P:. ¡Cómo no! Czellar fue gran amigo y colaborador de Móricz en sus últimos años. Un día, alrededor de 1975, Zoltan –al que no conocíamos entonces– se presentó en mi despacho como representante de la comunidad húngara de Los Ángeles, que le había enviado a Ecuador para saber qué había pasado con Móricz. Habían perdido la pista, creían que podía haber muerto, tal vez asesinado por las tribus salvajes de la selva. Le dije a Czellar que Juan estaba perfectamente, en excelente condición física, y que a las seis de la tarde podría verlo llegar al despacho, como todos los días, para hablar con sus colaboradores. La cuestión es que Czellar se sintió fascinado por la vida de aventuras y riesgos que luego compartiría con Móricz: incursiones a la selva, viajes en canoa, búsqueda de tesoros escondidos y extracción de oro en ríos y montañas, así como la verificación de la existencia del mundo subterráneo, el increíble descubrimiento del esqueleto de un gigante hembra, la exploración constante de parajes remotos, las tribus salvajes con las que Juan había coexistido durante períodos largos… Zoltan se enamoró de la selva ecuatoriana y no quiso regresar a la vida «civil», por así decir. Se trasladó a Guayaquil con su esposa e hijos, pero ninguno de ellos se acomodó a la nueva forma de vida y no tardaron en marcharse y dejarle libre. Fue doloroso para él, pero decidió quedarse en Ecuador. Sus hijos lo visitaban de vez en cuando, pero la felicidad de Zoltan dependía sobre todo de su interminable ir y venir entre Guayaquil y la selva impenetrable.

S.C.: Zoltan Czellar se quedó en Ecuador y murió allí, mientras Mórizc falleció antes que él en 1991. ¿Es cierto que heredó su archivo y su biblioteca? Entre los papeles de Juan quizá también había un manuscrito sobre la cueva que Stanley Hall diera a leer a Móricz…

G.P.: Zoltan estuvo viviendo en Guayaquil, en un apartamento en Las Peñas, en la calle Numa Pompilio Llona, junto al río Guayas. Los escasos libros que tenía los heredaron sus hijos. Móricz tenía una parte de sus libros en Buenos Aires y otra en Guayaquil. Aquí en la ciudad guardaba algunos volúmenes en la casa de su amiga Liliana Icaza Pérez, que murió sin dejar testamento. Me consta que, tras la muerte de Liliana, su casa fue vaciada y demolida; por desgracia desconozco lo que pasó con los libros. Entre los que Mórizc utilizaba para sus continuos viajes había algunos diccionarios. Los guardaba en su despacho y ahora los tengo yo. Es posible que Czellar tuviera en su poder los archivos personales de Móricz porque no los encontré en el despacho. Sin embargo, Zoltan nunca los mencionó. No se sabe dónde fue a parar el manuscrito de Hall, recuerdo que Móricz se enfadó mucho al leerlo. Tal vez haya terminado, como suele decirse, en la fragua de Vulcano, pero no lo sé a ciencia cierta.

S.C.: Julio Goyén Aguado, querido amigo de Móricz durante la etapa de Buenos Aires, heredó sus acciones de la empresa minera Cumbaratza, así como objetos de la cueva, cierta cantidad de oro y piedras preciosas, un mapa para llegar a la cueva de los Seres Superiores e incluso el esqueleto del gigante al que usted se ha referido antes. ¿Qué sabe de todo esto?

G.P.: Este asunto de la herencia me parece una invención, demasiado novelesco. No he oído nada fiable al respecto. Yo era el abogado de Móricz y nunca me dijo que quisiera hacer testamento, aunque para querer hacer un testamento antes tienes que pensar en que vas a morirte y Juan era de los que pensaban que no se moriría nunca.

S.C.: Sin embargo, recientemente han aparecido en Argentina algunos objetos que Móricz entregó a Goyén Aguado. Además de diversos documentos, hay una tablilla de metal con escritura ideográfica, al parecer procedente de la Cueva de los Tayos. ¡Se han hecho muchas fotos de dicha tablilla!

G.P:. Yo no sé nada al respecto y me parece muy raro. Me niego a creer que Móricz hubiera sacado de la cueva un objeto arqueológico; creo que una de las garantías que él deseaba tener antes de organizar una expedición científica al lugar era que no se sacara nada de la cueva. Según él, las estancias subterráneas habían demostrado ser un arca bastante segura, al haber sido sede de numerosos objetos de valor durante milenios. Así que, en mi opinión y mientras no se demuestre lo contrario, quien afirme haber recibido objetos de la cueva por parte de Juan no dice la verdad.

S.C.: La historia de Juan Móricz y la cueva de los Tayos es realmente fascinante, pero a diferencia de otros descubrimientos apenas se han publicado libros sobre ella. ¿A qué lo atribuye?

G.P.: Lo cierto es que se han publicado muchos artículos y pocos libros, pero en cualquier caso no son muy fiables. Ni siquiera el éxito de ventas de Erich von Däniken, que ya he dicho que no era nada fiable. Cabe mencionar la novela La hora 25 (1949), de Constantin Virgil Gheorghiu, que en  1967 fue llevada al cine con Anthony Quinn. El autor conoció en su juventud a Juan Móricz y el protagonista de su novela se llama… ¡Johann Moritz!
Una parte de los hechos narrados se refiere a la vida de Juan y sus ideas, pero otra parte no. Móricz nunca perdonó al autor que utilizara su nombre aunque lo pusiera en alemán. Luego vinieron Los intraterrestres existen (1978), de Marie Thérèse Guinchard y Pierre Paolantoni, a quienes conocí cuando visitaban Guayaquil. Este documento se refiere a los descubrimientos de Móricz, pero distorsiona la realidad y es una historia de pura ficción. Por el contrario, La historia de la Tierra y el cosmos (2007), de Géza Kisteleki, es un libro extraordinario que, entre otras cosas, casi cuarenta años después, confirma las declaraciones realizadas por Juan Móricz durante su conferencia en la Casa de la Cultura de Ecuador en 1969, en la que hizo referencia a una biblioteca de metal que se encuentra en Europa, similar a la descubierta por él en Ecuador.

S.C.: También está el citado manuscrito de Stanley Hall, aquel que había entregado a Móricz y que este nunca le devolvió. ¡Stan Hall tuvo que escribirlo todo de nuevo!

G.P.: Sí, así fue. El oro de Tayos: los archivos de la Atlántida (2006). El libro me desconcierta, lo mismo que el manuscrito enfureció a Móricz. El autor, después de haber escrito en el primer capítulo que «Juan Móricz tenía una imaginación desmesurada», lo cubría de elogios para luego, en el capítulo XX, afirmar que la historia contada por Juan la había escuchado durante una reunión con el militar ecuatoriano Petronio Jaramillo Abarca. Además, Hall dice que la historia de Móricz comienza en 1964, cuando este llega por primera vez a Ecuador con cartas de recomendación firmadas por una personalidad argentina; el autor describe una reunión con Juan, el historiador Jorge Salvador Lara y otros expertos en la que –en respuesta a una pregunta– Móricz dijo: «He venido a Ecuador para encontrar una entrada al mundo subterráneo, que se extiende desde Venezuela hasta Chile y Argentina».
Por otra parte, Hall acusa a Móricz de que se limitó a repetir lo que escuchó decir a Jaramillo en otra reunión similar celebrada en 1964 en la casa de Alfredo Moebius, junto con otras personas, entre ellas un italiano apellidado Turolla.
Sin embargo, la verdad se demuestra en el libro Más allá de los Andes. Mi búsqueda de los orígenes de la civilización preincaica (1970), de Pino Turolla, donde el autor señala que visitó Ecuador por primera vez en 1966. Eso supone que aquella reunión de 1964 no pudo celebrarse. Posteriormente, el propio Turolla nombra a Juan Móricz al hablar del descubrimiento de la cueva de los Tayos. En resumen, Stanley Hall incurre en tal maraña de contradicciones que su testimonio resulta tan confuso como increíble. En cuanto a la atribución del descubrimiento de la cueva a Petronio Jaramillo, como hace Hall, me parece ridículo. Ya sabemos que Jaramillo era un fanfarrón.

S.C.: ¿Cuál es su opinión sobre el emplazamiento de la cueva de los Seres Superiores que Stanley Hall indica en su libro y en su página web? Hall habría identificado el lugar según las historias de Jaramillo, pero hasta ahora no se ha encontrado nada de particular en la zona...

G.P.: En mi opinión, Hall facilitó ese emplazamiento con el fin de confundir a los que andaban en busca de la biblioteca de metal y así impedir que la descubrieran.
Las personas que han estado en ese lugar me han dicho que no tiene nada de particular.

S.C.: Recientemente usted ha comenzado a dedicar más tiempo a la difusión de información sobre la Cueva de los Tayos. Cuéntanos algo acerca de estas experiencias recientes.

G.P.: Sí, después de tantos años creo que es hora de decir lo que pienso y mostrar los documentos que obran en mi poder. Estuve hace poco en Hungría, invitado por la asociación cultural local János Móricz, que organizó una serie de conferencias para dar a conocer la obra de Juan y la investigación de otros expertos de la prehistoria del continente americano. Le sonarán los nombres de Géza Kisteleki, Klaus Dona, Ruth Rodríguez Sotomayor, Géza Varga, Peter Szilvássy y Ágnes Golenya, algunos de los cuales ya he mencionado. También estaba el filólogo Manuel Palacios, que analizó la epigrafía americana y su relación con la escritura magiar. Hablé de mis años de trabajo con Juan y proyecté fotografías de la época para ilustrar la historia. Por último, Zoltan Varga, como presidente de la Asociación, presentó un relato biográfico de Móricz.


S.C.: Bettina Allen afirma que, poco antes de morir, Móricz explicó la ubicación exacta de la biblioteca a una persona de su confianza que estaba dispuesta a guiar a quienes verdaderamente desearan llegar allí. No está claro lo que eso podría significar...

G.P.: Sólo puedo decir una cosa: estoy seguro de que la cueva de los Seres Superiores con todos sus valiosos tesoros se encontrará tarde o temprano. Así lo espero y por ese motivo estamos ahora hablando de la cueva y de Móricz. No obstante, la oportunidad de redescubrir la biblioteca de metal depende de cómo se lo tomen los misteriosos habitantes y guardianes del mundo subterráneo, los belas o taltos. Sin su consentimiento será imposible encontrarla. 
AÑO/CERO.

No hay comentarios: