domingo, 22 de marzo de 2026

La cuarta dimensión o reino del Alma (3a parte)

 

Paraíso extraterrestre

Ya desde un punto de vista espiritual, más metáfisico, la Cuarta Dimensión podría definirse como un puente entre nuestro mundo físico y los mundos suprafísicos, o planos de materia y de energía superiores. Mundos habitados. Ya lo dejó entrever el Dr. J. A. Hynek (1910-1986), cuando mencionó que el fenómeno OVNI podría estar relacionado con la existencia de uno o más espacio-tiempos o realidades alternas que albergarían mundos como el nuestro, o tal vez superiores, con sus humanidades, tecnologías, etc...

Es comúnmente aceptado que en la cuarta dimensión viven multiplicidad de seres, algunos físicos, como nosotros. Pero lo que los distingue de los humanos es que todos ellos, físicos o no, son Seres Conscientes, consientes de todo lo que les rodea, de quienes somos en realidad y no lo que aparentamos ser, de la escencia que sostiene nuestro cuerpo físico y de las dvinas leyes y reglas cósmicas a las que estamos sujetos. Están concientes de su escencia más pura y trascendente. Ya no piensan, como tendemos a hacerlo los humanos, que lo real es el cuerpo y lo tangible. Han avanzado un peldaño más que nosotros en la escala de la evolución espiritual, y están plenamente concientes que el sentido de la vida es el viaje del Yo hacia la fuente eterna que le dio origen.

En esa Cuarta Dimensión radican los seres extraterrestres que tanto nos preocupan a los humanos. Aunque no todos trabajen para el mismo bando de la luz, con la intención de guiar el rebaño de almas en evolución hacia Dios,
son seres que en un momento dado de su evolución dieron el salto a la siguiente octava dimensional y comprendieron quiénes somos y qué hacemos en el universo. En el afamado libro Yo Visité Ganímdes, de Yosip Ibrahim, se hace una larga referencia a como es la vida de los extraterrestres o guías espirituales que habitan Ganímedes, una de las lunas del planeta Jupíter, en la Cuarta Dimensión.

Parte de su poder radica en que utilizan de un 30 a un 35% del cerebro, contra el 10% que lo utilizamos los humanos. Poseen mayores facultades mentales, y trabajan la clarividencia y la telepatía sin tener que recurrir a un lenguaje hablado y escrito. Debido a un mecanismo de la glándula pituitaria, junto con la glándula pineal , logran comunicarse entre ellos a través de sus pensamiento. Por eso muchas veces los contactados por seres extraterrestres relatan que entendían los mensajes sin tener la necesidad de hablar un idioma como el que se utiliza en la tierra, ya que el lenguaje de la mente es universal. El cerebro trabaja en base a imágenes y a la interpretación de esas imágenes, y para quienes dominan la telepatía no es difícil enviarlas a través de su mente hacia otra persona que puede estar en el otro extremo del universo.

Este poder radica en que los seres de la Cuarta Dimensión dominan dos sentidos más que los humanos, es decir, siete El sexto sentido, o de la clarividencia y clariaudiencia, permite recibir, organizar y controlar, consciente y voluntariamente, la amplísima gama de fenómenos que se originan y expresan n en las nuevas formas que asume la materia en ese Plano, y las diferentes clases de ondas y frecuencias vibratorias que se manifiestan en él Vale decir, que la Materia y la Energía ofrecen nuevos campos de experimentación y de trabajo a quienes poseen tal sentido, equivalente a aquel "tercer ojo" del que hablan antiguas escuelas esotéricas orientales. Se trata de la facultad de percibir los fenómenos, fuerzas y entidades que existen dentro de un plano en que la materia se encuentra en grados más sutiles que los conocidos en nuestra dimensión. El sexto sentido, como facultad nueva que se manifiesta a través de todo el cuerpo, especialmente del cerebro, permite conocer la vida y los seres que viven dentro de aquellos límites a los que no alcanzan las posibilidades materiales sensorias de un plano inferior. Así, quienes lo poseen, pueden ver a través de todas las formas de materia sólida; paredes, compactas rocas, metales y cuanto conocemos en nuestro mundo, son como cristal transparente y limpio para ese "tercer ojo".

El interior del cuerpo humano, y de todos los cuerpos, de todas las substancias y de todos los seres, es perfectamente visible, comprensible y hasta audible. Ni siquiera el pensamiento permanece oculto a dicha visión. Porque el sexto sentido puede percibir hasta las fuerzas que mueven las nuevas formas de la materia y el desarrollo y trayectoria que éstas siguen.
En cuanto al séptimo sentido, éste se apoya en su cerebro, más grande y desarrollado que el nuestro, donde existe un pequeño bulbo entre el bulbo raquídeo y la pituitaria, donde radica la "Palabra Creadora" o Verbo. Les permite a estos seres actuar sobre la materia por el sonido, utilizando las vibraciones sonoras como fuerza transmutante y reguladora.

Es por eso que ya no usan el lenguaje hablado; su sexto sentido y su gran potencia cerebral y mental les permiten comunicarse con la lectura, o captación directa, del pensamiento y el uso de la telepatía. Su órgano de la voz únicamente lo utilizan para determinados efectos, como producir o destruir fenómenos materiales, influir a voluntad sobre los elementos y construir objetos, dirigiendo, alterando o regulando, con el ayuda de otras fuerzas cósmicas, el proceso atómico y molecular de las substancias.

Su conocimiento y poder sobre la naturaleza y el cosmos son tan avanzados, que muchos de los fenómenos considerados entre nosotros como milagros, son hechos naturales y corrientes para ellos. Si consideramos que la materia es única, una sola en su esencia, y que todas las formas conocidas por nosotros no son más que transmutaciones o cambios del funcionamiento atómico y molecular y de sus sistemas en cada cuerpo y elemento para transformar una substancia en otra modificando su constitución atómica, quien conozca las leyes que rigen las relaciones entre Ia energía y la materia; y posea los medios de hacerlas funcionar a voluntad, está en condiciones de operar toda clase de fenómenos en relación directa con los alcances de su poder y de su ciencia.

Junto a los extraterrestres, en la Cuarta Dimensión tienen su morada muchos seres y entidades inteligentes de tipo infrahumano y suprahumano, como los "espíritus de la Naturaleza" o elementales, junto con seres angélicos de nivel superior a toda humanidad. También se hallan, de paso, las almas de quienes abandonaron la Tierra al morir.
Estos hechos han sido conocidos y comprobados en la Tierra por las más famosas escuelas esotéricas u órdenes iniciáticas secretas Entre los sabios modernos que exploraron este mundo se cuenta el gran inventor norteamericano Tomás Alva Edison que, poseedor de este conocimiento, antes de morir estuvo empeñado en descubrir la forma de construir un mecanismo que manifestara ese plano de la naturaleza, permitiendo comunicarnos con los muertos.

El reino del alma

La Cuarta Dimensión también se conoce como Reino del Alma. El alma es uno de los cuerpos o vehículos que sirve de puente o lazo intermedio entre el plano de la materia más densa, nuestro mundo, y "el reino del espíritu" o plano etérico, del Ego y el conjunto superior de vehículos - la Mente enrte ellos- que le sirven al Ego para manifestarse y actuar por la senda de la vida y de la evolución.
El alma norma, dirige y controla todas las emociones, deseos y pasiones del sujeto. Toda la vida emocional, todos los pensamientos, ambiciones, acciones y relaciones del hombre con el ambiente que lo rodea y con sus habitantes, son realizados a través de este cuerpo e influidos por él.

Las escuelas orientales denomina al alma Cuerpo Astral, por ser el centro que más capta las influencias cósmicas de los diferentes sistemas estelares cercanos a nosotros. Otras escuelas, como las Rosacruces, la llaman "cuerpo de deseos" o "vehículo emocional". Y a su mundo, o plano de la Naturaleza, lo denominan "Plano Astral", "Mundo del Deseo" o la "Cuarta Dimensión". Al morir una persona, el Yo Divino, siempre envuelto por el conjunto de sus otros vehículos atados por la fuerza del cuerpo astral, o alma, comnienza a desarrollar su vida en los dominios de la Cuarta Dimensión, hasta que llegue el momento en que pueda liberarse, también, de los lazos que lo atan a ese mundo, y partir hacia los mundos superiores.

La Cuarta Dimensión, o Mundo del Alma, podemos imaginarla como un plano o región dividido en varios niveles, pero no niveles superpuestos unos sobre otros como en un edificio, sino como estados o condiciones distintas en el desarrollo de la materia y de la Energía que, según sus graduaciones, frecuencias de onda o vibración, y tipo de fuerzas que en ellos se manifiestan, conforman un determinado nivel de vida.

A modo de ejemplo, se puede agrupar en tres niveles la variada graduación que se observa en el Plano del Alma: Región Inferior, Región Media y Región Superior. Cuando el Ego ingresa en él, por causa de su definitiva separación del cuerpo físico al morir (o en vida dentro de condiciones de una especial preparación, por ejemplo meditando) lo hace siempre por la Región Inferior, que en la religión cristiana se denomina "El Purgatorio", y en las religiones indostánicas llaman "Kamaloka".

Es la morada en que se encuentran las fuerzas más negativas de la vida, los más bajos instintos y denigrantes pasiones y pensamientos. Y los Egos que pasen por esa región o permanezcan en ella se ven obligados a alternar con lo más abyecto de nuestra humanidad y con los más bajos espíritus de la naturaleza. Un Ego que no haya logrado alcanzar niveles de superación superiores a los que reinan en tal región, empieza a sufrir los efectos causados de todos los variados fenómenos de su vida de errores. Y en ese plano de existencia nadie se puede sustraer, ni esconder. Desde el momento en que se penetra en la Cuarta Dimensión, todo es visible y evidente en grado sumo, y las consecuencias del mal generadas en el mundo físico se manifiestan como reflejos permanentes y de potencia multiplicada que siguen actuando en ese plano tal como el Ego las ejerció contra otros en la Tierra, pero esta vez en dirección a sí mismo. Según sea la mayor o menor gravedad de esos errores, es la mayor o menor intensidad con que el Ego sufre esos efectos.

El Ego se ve obligado a permanecer en aquella región inferior todo el tiempo que su mayor o menor culpabilidad y atraso en la escala de la vida le demande, para depurar las consecuencias malsanas de ese atraso. Como todo evoluciona hacia niveles superiores, los lazos, o fuerzas que lo atan a ese medio ambiente, van atenuándose progresivamente. Pero no está sólo. En toda la Cuarta Dimensión, como en todos los planos superiores, actúan constantemente diversas jerarquías de seres superhumanos, como los espíritus superiores, custodios y guías de la Evolución a quienes las religiones cristiana y judía llaman "ángeles" en sus diferentes posiciones o niveles. La libertad absoluta y el libre albedrío sólo operan en los planos de prueba, como el físico, pero a partir de la Cuarta Dimensión, el control y la supervisión de entidades superiores o maestros conductores es permanente y adecuada al estado de superación de cada espíritu.

En la Cuarta Dimensión, estas entidades se manifiestan con una aura o envoltura radiante, luminosa, cuyos destellos y potencia lumínica están en relación directa con el grado de adelanto a que han llegado, y ayudan a los egos en su peregrinación para subir a niveles superiores, cuando el período de depuración va llegando a su fin. El espíritu sube, así poco a poco, a los distintos grados de la Región Media, o del tipo de humanidad que ya desarrolló una vida más normal, equilibrada y con menos errores. Y sigue avanzando, en tiempos que dependen exclusivamente de sus propios esfuerzos y mejores intenciones, hasta llegar a los niveles superiores de la tercera región, donde se encuentran los Egos cuyas almas alcanzaron, en existencias terrenas, los más puros y bellos aspectos de la vida humana. Hasta esta región, el espíritu sigue atado a todos sus vehículos superiores por los lazos del cuerpo astral, el alma. Y como la mente es uno de aquellos cuerpos, superior al astral, sigue aprendiendo y asimilando enseñanzas y experiencias en todo ese trayecto, a través del mundo psíquico o alma.

Cuando se ha eliminado las últimas impurezas, las fuerzas que retenían al Ego en el plano astral desaparecen, el cuerpo astral se desintegra, y el espíritu pasa a los mundos superiores por las "puertas" del Mental. Desde este momento se abre para el Ego una etapa de paz y felicidad, donde valoriza toda la labor realizada en sus existencias, memorizando y aquilatando los resultados de toda su evolución. Si ha tenido una larga evolución y ha aprendido cuanto en la Tierra es posible conocer y experimentar, se le mostrarán nuevos campos de experimentación y de prueba en mundos superiores, donde pueda continuar trabajando para aumentar su sabiduría, su moral y su poder. Pero si su adelanto, desarrollo y nivel evolutivo no son todavía suficientes, tendrá que volver a la Tierra para vivir en condiciones que le permitan adquirir las nuevas lecciones, pasar por las pruebas necesarias, saldar las cuentas pendientes, pagar en situaciones parecidas por todos los errores, delitos o faltas de cualquier orden que haya cometido y que, sufriéndolos en sí mismo, le enseñarán a tomar conciencia del verdadero error e imprimirlo indeleblemente en su memoria cósmica como norma de conducta permanente en las vidas sucesivas.

Llegado el momento de preparar su regreso a la Materia, al mundo físico. el Ego es ayudado por sus Guías Superiores para planear todo un nuevo programa de existencia, y las entidades encargadas de su ejecución van elaborando todos los requisitos necesarios. Desde la clase de hogar en que nacerá, los padres que ha de tener, el lugar y país, la educación que deberá recibir, las relaciones que lo rodeen, las pruebas que ha de vencer, accidentes, enfermedades y cuanto pueda servirle para nuevas y útiles experiencias, forman ese plan de la nueva encarnación. Así se inicia el viaje de vuelta, pasando otra vez por todos los planos intermedios, en cada uno de los cuales irá recibiendo la envoltura o cuerpo respectivo hasta ingresar al nuevo cuerpo físico, adecuado a las nuevas actividades que su conductor necesita.

Pero en su nuevo tránsito por la Cuarta Dimensión, mientras lo "impregnan" o construyen su nueva alma, tiene oportunidad de apreciar las fuerzas positivas y negativas que en ese mundo se mueven, y sus influencias y efectos en el mundo físico. Del mayor o menor impacto de esta nueva experiencia, y de cómo logre imprimirla en su conciencia de espíritu, dependerá mucho el temple con que, más tarde, enfrente las pruebas cuando esas fuerzas actúen sobre él. La tentación es el influjo de aquellas fuerzas provenientes de los distintos niveles inferiores del astral, y la conciencia es la voz interior del Ego que, en su recuerdo de las pruebas y experiencias pasadas, trata de hacerse oír a través de la maraña de cuerpos que lo envuelven. Si ese recuerdo ha sido lo suficientemente evolucionado y fuerte para imponerse y vencer, se evitará nuevos errores como los ya cometidos otras veces. Así se va superando la ignorancia, el error y la maldad, que no es sino el fruto de la ignorancia de todo esto. Superando sus debilidades, sus defectos, sus pasiones y sus vicios, fortaleciendo sus aptitudes positivas, cualidades y virtudes, va dejando atrás la figura endeble y negativa de sus primeras encarnaciones, hasta llegar a niveles en que la cercanía a la superación terrena le abren las puertas de mundos habitados por humanidades más avanzadas y perfectas.
Alejandra Bluth Solari

No hay comentarios: