ENTRELAZAMIENTO CUÁNTICO
Es evidente que los dos fotones se comunican entre sí de forma instantánea, pero no se contradice por esto ni la lógica ni la física relativista, ya que, en primer lugar, estas ondas de información no contienen ni materia ni energía y, en segundo lugar, no es posible manipular el fotón proximal para hacer que el distal se comporte a nuestro antojo. Podemos saber lo que va a hacer el fotón distal cuando con él hagamos (o alguien haga) el mismo experimento que con el proximal, pero no forzarlo a hacer una u otra cosa. Definitivamente, aunque ambas partículas se comuniquen instantáneamente entre sí, no podemos utilizar este fenómeno para enviar mensajes instantáneamente (ni a una velocidad superior a la de la luz en el vacío). Es como si el universo tuviera canales de comunicación hiperlumínicos, pero nosotros tuviésemos vetado su uso. Las ondas hiperlumínicas de De Broglie no son manipulables. Está Claro. Pero, ¿y si intentásemos manipularlas para que dejen de ser hiperlumínicas? ¿Sería posible manipularlas con esta condición?
De esta forma no caeríamos en contradicciones de tipo lógico, aunque el hecho de que así no sea contradictorio tampoco quiere decir que sea necesariamente posible. Lo que sí está claro es que ahora sí merece la pena intentarlo. Y la sorpresa es mayúscula. De esta forma no sólo es posible, sino que el método es sorprendentemente simple. Colocamos un espejo que intercepta –no importa cuánto se haya alejado– el fotón distal, y lo hacemos regresar cuando ya hemos realizado el experimento con el fotón proximal. Por tanto, conocemos el resultado.
Ahora podemos dejar que el fotón distal –que está de vuelta– realice el experimento, si nos interesa el resultado que se va a producir. O bloquearlo, si no nos interesa. Hablando metafóricamente: no podemos hacer que la moneda caiga siempre de cara, pero sí que nunca salga cruz. Hemos creado una máquina del tiempo que nos permite saber el futuro sin utilizar el método deductivo (no hay relación causaefecto). Simplemente, lo sabemos. No podemos modificar el futuro, pero sí boicotearlo si lo que va a pasar no nos interesa, volviendo a lanzar la moneda…
PROCESOS DE LA FÍSICA DEL CAOS
Para mí, lo más intrigante de todo esto no es que podamos adivinar el futuro, ni que los procesos aleatorios que secularmente se ha afirmado que no son predecibles individualmente –sino que sólo podemos predecir tendencias– ahora resulte que sí lo son usando este procedimiento.
También quiero aclarar que lanzar una moneda al aire para ver si sale cara o cruz no es un proceso en verdad aleatorio (sólo se trata de una metáfora). Como tampoco lo son lanzar unos dados o el sorteo de Navidad. En realidad, todos ellos son procesos deterministas de relación causa-efecto crítica (lo que los físicos suelen llamar procesos de la física del caos). Los únicos procesos realmente aleatorios son aquellos que implican partículas subatómicas (partículas cuánticas). Estos procesos son los únicos que pueden predecir con mi «máquina del tiempo».
Por vez primera, el hombre puede manipular algo que está al margen del espacio y del tiempo. Algo que podemos decir que está «fuera» del universo. Pero hay algo más. Teniendo en cuenta que nuestro cerebro contiene poco más de un litro de capacidad, unas cien mil millones de neuronas (tantas como estrellas hay en la Vía Láctea), y que cada una está interconectada con otras por miles de filamentos microtubulares llamados dendritas y axones, es obvio que en nuestro órgano pensante se generan continuamente procesos de tipo cuántico que probablemente le permiten conectar su conocimiento con ese «algo» que existe al margen del espacio-tiempo (llámese ondas de información de De Broglie, inconsciente colectivo de Jung o Campos Morfogenéticos de Sheldrake) y que parece contener todo el conocimiento imaginable sobre nuestro universo y sobre nosotros mismos. En mi opinión, los seres conscientes podemos conectar con esos campos de conocimiento universal, sobre todo en estados alterados de consciencia o en situaciones de extrema necesidad.
CONOCIMIENTO ANTICIPATIVO
El siguiente ejemplo aclarará lo que quiero decir. En el tsunami de Indonesia ocurrió algo sorprendente: cuando las aguas se retiraron, las playas aparecieron sembradas de cadáveres, cientos y cientos de cadáveres. Sin embargo, prácticamente todos eran de personas, no había cadáveres de animales a excepción de algunos perros que estaban atados y que, obviamente, no pudieron escapar. De hecho, los investigadores descubrieron que los animales de un zoo habían huido en dirección contraria al mar una hora antes del tsunami. ¿Cómo es posible que, por ejemplo, elefantes traídos de África Central, que ni ellos ni sus ancestros en cientos de generaciones habían visto el mar, no sólo anticiparan que iba a ocurrir esa catástrofe sino que sabían en qué dirección debían escapar?… Pues bien, por mucho que se ha estudiado dicho comportamiento, la ciencia no ofrece una respuesta convincente. Pero, ¿no será porque, simplemente, no se han formulado las preguntas adecuadas? Quizá ocurre lo mismo que con los denominados fenómenos paranormales: ¿Cómo logra nuestra mente dirigir los procesos cuánticos que le permiten conectar con ese «Campo Universal de Conocimiento » y, a través de él, con otras mentes eludiendo las barreras del espacio y del tiempo? Trataremos de responder a esta cuestión en otro momento….
REV. Año Cero
miércoles, 26 de septiembre de 2018
La Frase:
“El vuelo de la mariposa nos enseñará, la importancia de la Libertad, para cumplir nuestra misión cósmica en la Tierra”
lunes, 24 de septiembre de 2018
La Frase:
"El hombre se mejora a sí mismo mientras sigue su camino; si se queda quieto, esperando mejorar antes de tomar una decisión, nunca se moverá".
Paulo Coelho
Paulo Coelho
viernes, 21 de septiembre de 2018
¿Qué es un niño índigo y por qué le llamamos índigo?
Un niño Índigo es un niño sano, de una gran sensibilidad, muy perceptivo e intuitivo, muy rápido, es en líneas generales un niño artista, con un desarrollo total de sus 5 sentidos y con un predominio muy marcado del hemisferio derecho, que por su actuar nos ayuda a reflexionar y por esto mismo a mejorar el mundo.
¿Por qué decimos esto?, porque ellos se han convertido en la señal de alerta para que el adulto cambie su actitud muchas veces violenta, actuando con los mecanismos mencionados y enfrentándose a sus progenitores, para que ellos a su vez reaccionen y busquen ayuda y de esa manera puedan abrir su conciencia.
Estos niños vienen con una vibración espiritual muy alta que se manifiesta en el color Azul Violeta o Índigo de su campo de energía. Fotografías tomadas con la cámara Kirlian revelan estos colores.
Todo es color en nuestro mundo, la luz es energía luminosa, que viaja en forma de ondas vibratorias y puede ser medida en unidades conocidas como unidades de Amstrong que viene a ser la diezmillonésima parte de un milímetro, por ejemplo: “el color índigo o añil tiene una longitud de onda de 4,700 a 5,100 Amstrong”. El poder vibrar estos niños en este color Índigo los ayuda a despertar ciertas capacidades y facultades que en los niños de generaciones pasadas no eran muy marcadas.
Los colores emiten una longitud de onda, una vibración. Así, sabemos que el cuerpo humano selecciona los rayos solares y los colores que necesita para balancear las vibraciones dentro del cuerpo. Índigo, además de ser el color que refleja la espiritualidad del hombre, significa grado de evolución, ésa que tenemos todos los seres humanos, desarrollada en mayor o menor medida y debido al avance que hayan alcanzado nuestros padres y al condicionamiento de nuestro entorno, desarrollamos facultades como la intuición, creatividad, telepatía y clarividencia. Todas estas facultades se manifiestan en vibraciones elevadas, nunca de otra forma.
El Niño y adolescente Índigo es un ser de luz que ingresa al planeta Tierra con el propósito de cambiar los sistemas de apoyo de los niños y, a medida que cambiemos estos métodos, los que sigan naciendo alcanzarán verdades más elevadas que las que tuvieron nuestros antecesores. En estos últimos años se podrá comprobar la energía que tendremos en los próximos años.
Estos niños tienen estructuras de energía diferentes a las tradicionales. La presencia de ellos genera un mecanismo de alerta en el padre de familia o el maestro para que cambie su conducta.
¿Por qué decimos esto?, porque ellos se han convertido en la señal de alerta para que el adulto cambie su actitud muchas veces violenta, actuando con los mecanismos mencionados y enfrentándose a sus progenitores, para que ellos a su vez reaccionen y busquen ayuda y de esa manera puedan abrir su conciencia.
Estos niños vienen con una vibración espiritual muy alta que se manifiesta en el color Azul Violeta o Índigo de su campo de energía. Fotografías tomadas con la cámara Kirlian revelan estos colores.
Todo es color en nuestro mundo, la luz es energía luminosa, que viaja en forma de ondas vibratorias y puede ser medida en unidades conocidas como unidades de Amstrong que viene a ser la diezmillonésima parte de un milímetro, por ejemplo: “el color índigo o añil tiene una longitud de onda de 4,700 a 5,100 Amstrong”. El poder vibrar estos niños en este color Índigo los ayuda a despertar ciertas capacidades y facultades que en los niños de generaciones pasadas no eran muy marcadas.
Los colores emiten una longitud de onda, una vibración. Así, sabemos que el cuerpo humano selecciona los rayos solares y los colores que necesita para balancear las vibraciones dentro del cuerpo. Índigo, además de ser el color que refleja la espiritualidad del hombre, significa grado de evolución, ésa que tenemos todos los seres humanos, desarrollada en mayor o menor medida y debido al avance que hayan alcanzado nuestros padres y al condicionamiento de nuestro entorno, desarrollamos facultades como la intuición, creatividad, telepatía y clarividencia. Todas estas facultades se manifiestan en vibraciones elevadas, nunca de otra forma.
El Niño y adolescente Índigo es un ser de luz que ingresa al planeta Tierra con el propósito de cambiar los sistemas de apoyo de los niños y, a medida que cambiemos estos métodos, los que sigan naciendo alcanzarán verdades más elevadas que las que tuvieron nuestros antecesores. En estos últimos años se podrá comprobar la energía que tendremos en los próximos años.
Estos niños tienen estructuras de energía diferentes a las tradicionales. La presencia de ellos genera un mecanismo de alerta en el padre de familia o el maestro para que cambie su conducta.
martes, 18 de septiembre de 2018
La máquina del tiempo (1ª parte)
Supongamos que hoy decidimos enviarnos a nosotros mismos, dentro de una semana, un mensaje que remontara el tiempo seis días atrás. Por tanto, lo recibiríamos mañana. Pero llegado el momento de enviarlo, olvidamos hacerlo. O, peor aun: justo antes de ese día, morimos. ¿Cómo hemos podido recibir un mensaje que nadie ha mandado?
Resulta evidente que hemos caído en una contradicción de tipo lógico. No podemos enviar mensajes hacia atrás en el tiempo. Otra cosa es ver el pasado pero sin interaccionar con él. Esto es perfectamente posible. De hecho, lo hacemos constantemente: vemos la Luna como era hace algo más de un segundo –recordemos que la velocidad de la luz en el vacío es de casi 300.000 kms por segundo y la Luna se encuentra a una distancia media de la tierra de 380.000 kms–; el Sol como era hace 8 minutos; Marte, cuando está en cuadratura con la Tierra, como era veinte minutos antes; Plutón, como hace seis horas… Y si miramos en dirección a la galaxia de Andrómeda, la más cercana a la nuestra, la observamos como era hace 2,5 millones de años.
También podríamos ver el pasado en nuestro propio planeta si imaginásemos –algo teóricamente posible, aunque técnicamente impracticable– que unos científicos extraterrestres de una galaxia lejana nos han obsequiado con unos espejos gigantescos orientados hacia la Tierra y, enfocando hacia ellos dichos artefactos, podríamos ver el pasado de nuestro planeta, aunque nuevamente tendríamos prohibido interactuar con él. Mas no nos desanimemos. Intentémoslo con el futuro: ¿Podríamos viajar algún día al futuro? La respuesta es un sí rotundo. De hecho, todos viajamos al futuro a razón de un día cada 24 horas. Esto es obvio, pero, ¿lograríamos hacerlo más deprisa? La respuesta a esta pregunta también es afirmativa.
Si viajáramos durante un año –según nuestro reloj– al 90% de la velocidad de la luz, cuando la nave espacial nos trajera de regreso, en la Tierra habrían pasado dos años. Y si el trayecto lo hubiéramos hecho a una fracción de la velocidad de la luz aún mayor, en ese año podríamos adentrarnos en el futuro 100, 200, 1.000 años o, literalmente, lo que quisiéramos. Aunque hay un problema: el turista del futuro sólo puede sacar billete de ida. Nunca podrá regresar al presente del que partió, porque ahora ese presente es su pasado. No hay vuelta atrás. El viaje al futuro es un viaje sin retorno. El viajero quedará para siempre atrapado en un tiempo que no es el suyo.
SIN MATERIA NI ENERGÍA
Con los viajes en el tiempo parece que estamos en un callejón sin salida, pero quizás no sea del todo así. Veamos por qué. Cuando era niño, le hice a mi padre una pregunta sobre un tema que me tenía intrigado. Era ésta: ¿Qué había antes de que existiera el universo? Yo daba por supuesto que mi padre –que era profesor de investigación del CSIC– saciaría mi curiosidad, pero no ocurrió así. Su respuesta fue la siguiente:
«Hijo, el propio tiempo se creó a la vez que el universo, por tanto no tiene sentido preguntar qué había antes del universo, porque ni siquiera existía el concepto ‘antes’». Su argumento me dejó sorprendido, insatisfecho y, por qué no decirlo, un tanto decepcionado.
En cualquier caso, intenté arreglarlo volviendo a preguntar: «Bueno, pero ¿qué había en lugar del universo?». Su respuesta me resultó aun más decepcionante que la anterior:
«El propio espacio se creó a la vez que el universo, por tanto tampoco tiene sentido preguntar qué había en lugar del universo, ya que ni siquiera había ‘lugar’».
Han pasado muchos años desde aquella charla. Ya no soy un niño. Tampoco cursé finalmente los estudios de Física. Pero mi afición a la Física permaneció intacta y mi deseo de conocer la respuesta a aquella pregunta, también.
Ahora tal cosa es posible, pero para ello debemos reconducir la pregunta. Sería así: ¿Conoce la ciencia algo cuya existencia esté al margen del tiempo y también al margen del espacio? Ahora la Física puede responder a esta pregunta y, sorprendentemente, la respuesta es afirmativa: se trata de un ente que no posee ni materia ni energía, sólo contiene información. Es información pura, sin vehículo material de transporte. Va de un punto a otro del universo instantáneamente, a velocidad infinita. Literalmente en tiempo cero. Además, no pasa a través del espacio tiempo. Lo hace, si se me permite la expresión, «por detrás del espacio y del tiempo». Virtualmente, «por detrás» del universo. Sin embargo, esta información, que se conoce como variables ocultas no locales u ondas de información de De Broglie, no es manipulable precisamente por ser híperlumínica.
Es muy fácil demostrar que si pudiéramos manipular un ente supralumínico, estaríamos en condiciones de enviar mensajes al pasado, cayendo en las contradicciones de tipo lógico ya explicitadas anteriormente. Por tanto, queda claro que este ente no se puede manipular, y es una pena, porque si pudiéramos hacerlo (siendo algo que trasciende al espacio y al tiempo), estaríamos en condiciones de crear una «máquina del tiempo». No nos serviría para viajar al pasado, pero sí para adivinar el futuro. Desgraciadamente, como ya hemos visto, tal cosa no es posible. ¿O tal vez sí? ¿Hemos pasado algo por alto? ¿Habrá algún resquicio por el que podamos penetrar y conseguir nuestro objetivo? ¿Podremos construir esa máquina del tiempo que se nos resiste?
La respuesta es sí, hay un resquicio, y ésta es mi pequeña y humilde aportación a la Física. A continuación les resumiré brevemente mi argumento:
Este ente supralúminico es el responsable de uno de los fenómenos más extraños de la Física Cuántica, conocido como entrelazamiento cuántico o paradoja EPR (por las iniciales de Einstein, Podolski y Rosen, que lo estudiaron en la década de los 30 del siglo pasado). El mismo consiste en que cuando dos partículas subatómicas tienen un origen común, por ejemplo dos fotones procedentes de la desintegración de un mesón Pi neutro, éstos saldrán disparados en la misma dirección pero en sentidos opuestos y quedarán hermanados de tal forma que, cuando uno de ellos (llamémosle «proximal») sea sometido a un experimento genuinamente aleatorio, por ejemplo el paso o no a través de un espejo semitransparente (semitransparente, como es obvio, para fotones de una determinada longitud de onda), el otro fotón (llamémosle «distal»), cuando con él se realice el mismo experimento, se comportará de la misma forma que el que hemos llamado proximal, a pesar de que ambos experimentos son completamente aleatorios e independientes el uno del otro, y aunque el experimento sobre el fotón distal se haga mucho más tarde (no importa cuánto) o éste se encuentre tan lejos como queramos imaginar (a años luz de distancia o incluso en los confines del Universo), el resultado será siempre el mismo: ambos fotones colaborarán independientemente del tiempo y del espacio que los separe.(Revista Año Cero)
Resulta evidente que hemos caído en una contradicción de tipo lógico. No podemos enviar mensajes hacia atrás en el tiempo. Otra cosa es ver el pasado pero sin interaccionar con él. Esto es perfectamente posible. De hecho, lo hacemos constantemente: vemos la Luna como era hace algo más de un segundo –recordemos que la velocidad de la luz en el vacío es de casi 300.000 kms por segundo y la Luna se encuentra a una distancia media de la tierra de 380.000 kms–; el Sol como era hace 8 minutos; Marte, cuando está en cuadratura con la Tierra, como era veinte minutos antes; Plutón, como hace seis horas… Y si miramos en dirección a la galaxia de Andrómeda, la más cercana a la nuestra, la observamos como era hace 2,5 millones de años.
También podríamos ver el pasado en nuestro propio planeta si imaginásemos –algo teóricamente posible, aunque técnicamente impracticable– que unos científicos extraterrestres de una galaxia lejana nos han obsequiado con unos espejos gigantescos orientados hacia la Tierra y, enfocando hacia ellos dichos artefactos, podríamos ver el pasado de nuestro planeta, aunque nuevamente tendríamos prohibido interactuar con él. Mas no nos desanimemos. Intentémoslo con el futuro: ¿Podríamos viajar algún día al futuro? La respuesta es un sí rotundo. De hecho, todos viajamos al futuro a razón de un día cada 24 horas. Esto es obvio, pero, ¿lograríamos hacerlo más deprisa? La respuesta a esta pregunta también es afirmativa.
Si viajáramos durante un año –según nuestro reloj– al 90% de la velocidad de la luz, cuando la nave espacial nos trajera de regreso, en la Tierra habrían pasado dos años. Y si el trayecto lo hubiéramos hecho a una fracción de la velocidad de la luz aún mayor, en ese año podríamos adentrarnos en el futuro 100, 200, 1.000 años o, literalmente, lo que quisiéramos. Aunque hay un problema: el turista del futuro sólo puede sacar billete de ida. Nunca podrá regresar al presente del que partió, porque ahora ese presente es su pasado. No hay vuelta atrás. El viaje al futuro es un viaje sin retorno. El viajero quedará para siempre atrapado en un tiempo que no es el suyo.
SIN MATERIA NI ENERGÍA
Con los viajes en el tiempo parece que estamos en un callejón sin salida, pero quizás no sea del todo así. Veamos por qué. Cuando era niño, le hice a mi padre una pregunta sobre un tema que me tenía intrigado. Era ésta: ¿Qué había antes de que existiera el universo? Yo daba por supuesto que mi padre –que era profesor de investigación del CSIC– saciaría mi curiosidad, pero no ocurrió así. Su respuesta fue la siguiente:
«Hijo, el propio tiempo se creó a la vez que el universo, por tanto no tiene sentido preguntar qué había antes del universo, porque ni siquiera existía el concepto ‘antes’». Su argumento me dejó sorprendido, insatisfecho y, por qué no decirlo, un tanto decepcionado.
En cualquier caso, intenté arreglarlo volviendo a preguntar: «Bueno, pero ¿qué había en lugar del universo?». Su respuesta me resultó aun más decepcionante que la anterior:
«El propio espacio se creó a la vez que el universo, por tanto tampoco tiene sentido preguntar qué había en lugar del universo, ya que ni siquiera había ‘lugar’».
Han pasado muchos años desde aquella charla. Ya no soy un niño. Tampoco cursé finalmente los estudios de Física. Pero mi afición a la Física permaneció intacta y mi deseo de conocer la respuesta a aquella pregunta, también.
Ahora tal cosa es posible, pero para ello debemos reconducir la pregunta. Sería así: ¿Conoce la ciencia algo cuya existencia esté al margen del tiempo y también al margen del espacio? Ahora la Física puede responder a esta pregunta y, sorprendentemente, la respuesta es afirmativa: se trata de un ente que no posee ni materia ni energía, sólo contiene información. Es información pura, sin vehículo material de transporte. Va de un punto a otro del universo instantáneamente, a velocidad infinita. Literalmente en tiempo cero. Además, no pasa a través del espacio tiempo. Lo hace, si se me permite la expresión, «por detrás del espacio y del tiempo». Virtualmente, «por detrás» del universo. Sin embargo, esta información, que se conoce como variables ocultas no locales u ondas de información de De Broglie, no es manipulable precisamente por ser híperlumínica.
Es muy fácil demostrar que si pudiéramos manipular un ente supralumínico, estaríamos en condiciones de enviar mensajes al pasado, cayendo en las contradicciones de tipo lógico ya explicitadas anteriormente. Por tanto, queda claro que este ente no se puede manipular, y es una pena, porque si pudiéramos hacerlo (siendo algo que trasciende al espacio y al tiempo), estaríamos en condiciones de crear una «máquina del tiempo». No nos serviría para viajar al pasado, pero sí para adivinar el futuro. Desgraciadamente, como ya hemos visto, tal cosa no es posible. ¿O tal vez sí? ¿Hemos pasado algo por alto? ¿Habrá algún resquicio por el que podamos penetrar y conseguir nuestro objetivo? ¿Podremos construir esa máquina del tiempo que se nos resiste?
La respuesta es sí, hay un resquicio, y ésta es mi pequeña y humilde aportación a la Física. A continuación les resumiré brevemente mi argumento:
Este ente supralúminico es el responsable de uno de los fenómenos más extraños de la Física Cuántica, conocido como entrelazamiento cuántico o paradoja EPR (por las iniciales de Einstein, Podolski y Rosen, que lo estudiaron en la década de los 30 del siglo pasado). El mismo consiste en que cuando dos partículas subatómicas tienen un origen común, por ejemplo dos fotones procedentes de la desintegración de un mesón Pi neutro, éstos saldrán disparados en la misma dirección pero en sentidos opuestos y quedarán hermanados de tal forma que, cuando uno de ellos (llamémosle «proximal») sea sometido a un experimento genuinamente aleatorio, por ejemplo el paso o no a través de un espejo semitransparente (semitransparente, como es obvio, para fotones de una determinada longitud de onda), el otro fotón (llamémosle «distal»), cuando con él se realice el mismo experimento, se comportará de la misma forma que el que hemos llamado proximal, a pesar de que ambos experimentos son completamente aleatorios e independientes el uno del otro, y aunque el experimento sobre el fotón distal se haga mucho más tarde (no importa cuánto) o éste se encuentre tan lejos como queramos imaginar (a años luz de distancia o incluso en los confines del Universo), el resultado será siempre el mismo: ambos fotones colaborarán independientemente del tiempo y del espacio que los separe.(Revista Año Cero)
viernes, 14 de septiembre de 2018
La Frase :
"La muerte debe ser algo extraordinario, como es la vida. Para comprender la muerte tenemos que comprender la totalidad de la vida, no tomar sólo un fragmento de ella y vivir con ese fragmento, como lo hace la mayoría de nosotros. En la comprensión de la vida está la comprensión de la muerte, porque ambas no están separadas". - Krishnamurti
martes, 11 de septiembre de 2018
"... Amados hermanos de la Tierra, nuestro mensaje es un llamado de
alerta para que la humanidad cambie y reaccione frente al gran efecto
destructivo que ha venido acumulándose, como consecuencia de un
sinfín de causas resumidas en el egoísmo y el desamor.
La alerta que cobró actualidad a partir de la década de los años 40
del presente siglo vuestro, ha empezado en los ochenta a rendir sus
frutos, pues vemos con beneplácito giros trascendentales en la
población del mundo procurando llegar a disfrutar de la solidaridad,
la paz y la justicia.
Hay un despertar de conciencia que incluso ha escapado a nuestras
previsiones. Estamos sorprendidos y a la vez maravillados por cuanto
ahora sí es posible hablar de cambiar el futuro. Hasta fines de los
70 sólo podíamos recomendarles estar preparados para enfrentar lo
mejor posible, y sobrevivir, a los acontecimientos que venían
desencadenándose o ustedes mismos permitiendo que ocurrieran.
Amados hermanos, no deben confiarse demasiado, pero deben aprovechar
en ganar terreno ahora que la balanza se inclina hacia la luz; y aún
no han llegado los verdaderos momentos de oscuridad, de falta de fe y
de esperanza, así como de gran confusión; y que pueden manifestarse
de un momento a otro.
Cierto es que hay que guiar a la masa humana y lo harán pues los
medios y recursos de todo tipo se os facilitarán como para lleguen a
divulgar como nadie antes lo hizo, el mensaje de esperanza para la
humanidad.
Este año (1990) traerá cambios en los países que parecía que no
necesitaban un cambio, y en aquellos que se creía que el cambio no
llegaría jamás.
Acabarán dictaduras y sólo el pueblo de cada ciudad elegirá
gobernarse.
Las fuerzas oscuras arremeterán a mediados y finales del año, pero
sólo apresurarán definiciones positivas.
Estén atentos que éste año empieza con acontecimientos graves, pero
que serán la ventana a la esperanza y la puerta hacia el nuevo día:
la nueva humanidad .
Están a punto de hacer girar el Apocalipsis convenientemente para el
Hombre Espiritual; porque a una revelación se le opone otra que se
establece cuando hay quienes reaccionan, y son pocos los necesarios
para ello, ya lo saben ...".Oxalc
alerta para que la humanidad cambie y reaccione frente al gran efecto
destructivo que ha venido acumulándose, como consecuencia de un
sinfín de causas resumidas en el egoísmo y el desamor.
La alerta que cobró actualidad a partir de la década de los años 40
del presente siglo vuestro, ha empezado en los ochenta a rendir sus
frutos, pues vemos con beneplácito giros trascendentales en la
población del mundo procurando llegar a disfrutar de la solidaridad,
la paz y la justicia.
Hay un despertar de conciencia que incluso ha escapado a nuestras
previsiones. Estamos sorprendidos y a la vez maravillados por cuanto
ahora sí es posible hablar de cambiar el futuro. Hasta fines de los
70 sólo podíamos recomendarles estar preparados para enfrentar lo
mejor posible, y sobrevivir, a los acontecimientos que venían
desencadenándose o ustedes mismos permitiendo que ocurrieran.
Amados hermanos, no deben confiarse demasiado, pero deben aprovechar
en ganar terreno ahora que la balanza se inclina hacia la luz; y aún
no han llegado los verdaderos momentos de oscuridad, de falta de fe y
de esperanza, así como de gran confusión; y que pueden manifestarse
de un momento a otro.
Cierto es que hay que guiar a la masa humana y lo harán pues los
medios y recursos de todo tipo se os facilitarán como para lleguen a
divulgar como nadie antes lo hizo, el mensaje de esperanza para la
humanidad.
Este año (1990) traerá cambios en los países que parecía que no
necesitaban un cambio, y en aquellos que se creía que el cambio no
llegaría jamás.
Acabarán dictaduras y sólo el pueblo de cada ciudad elegirá
gobernarse.
Las fuerzas oscuras arremeterán a mediados y finales del año, pero
sólo apresurarán definiciones positivas.
Estén atentos que éste año empieza con acontecimientos graves, pero
que serán la ventana a la esperanza y la puerta hacia el nuevo día:
la nueva humanidad .
Están a punto de hacer girar el Apocalipsis convenientemente para el
Hombre Espiritual; porque a una revelación se le opone otra que se
establece cuando hay quienes reaccionan, y son pocos los necesarios
para ello, ya lo saben ...".Oxalc
EL CAMPO FUENTE: SOMOS UNO CON EL UNIVERSO
La ciencia de vanguardia promueve revolucionarias ideas que cuestionan las caducas creencias respecto a cómo funciona el mundo. Los nuevos hallazgos demuestran que somos algo mucho más misterioso que un simple ensamblaje de carne y huesos. Estos estudios ofrecen información fidedigna acerca de una fuerza central o «campo», que gobierna tanto nuestros cuerpos como el resto del universo que nos rodea. Éste es el apasionante punto de partida de El Campo (Sirio), best-seller de la escritora y periodista Lynne McTaggart, algunos de cuyos conceptos centrales resumimos a continuación.
Durante varias décadas, en todo el mundo, respetados científicos de muy diversas disciplinas han llevado a cabo experimentos bien diseñados cuyos resultados dejan perplejos a los biólogos y a los físicos. En conjunto, estos estudios nos ofrecen abundante información respecto a la fuerza central organizadora que gobierna nuestros cuerpos y el resto del cosmos.
Sus descubrimientos sólo pueden clasificarse como asombrosos. En nuestro aspecto más elemental, no somos una reacción química, sino una carga energética. Los seres humanos y todos los seres vivos son una configuración energética dentro de un campo de energía conectado con todas las demás cosas del mundo. Este campo de energía pulsante es el motor central de nuestro ser y de nuestra conciencia, el alfa y el omega de nuestra existencia.
ANTEPROYECTO DEL MUNDO
No existe una relación dual «yo»/«no yo» entre nuestros cuerpos y el resto del universo, sólo hay un campo energético subyacente. Este campo es responsable de las funciones más elevadas de nuestra mente, y es la fuente de información que guía el crecimiento de nuestros cuerpos. Es nuestro cerebro, nuestro corazón, nuestra memoria: es en todo momento un anteproyecto del mundo. Más que los gérmenes o los genes, el Campo es la fuerza que determina finalmente si estamos sanos o enfermos, y es la fuerza con la que debemos contactar para curarnos. Estamos vinculados e involucrados, somos inseparables de nuestro mundo y nuestra única verdad fundamental es nuestra relación con él. «El campo», como dijo Albert Einstein sucintamente en una ocasión, «es la única realidad».
Hasta hoy, la biología y la física han sido sirvientas de los puntos de vista expuestos por Isaac Newton, el padre de la física moderna. Todo lo que creemos sobre nuestro mundo y el lugar que ocupamos dentro de él se deriva de ideas formuladas en el siglo XVII, que aún siguen formando la columna vertebral de la ciencia moderna; teorías que presentan los elementos del universo como si fueran divisibles, como si estuvieran aislados unos de otros y completamente autocontenidos.
UNA VIDA PREDADORA
Dichas ideas, en esencia, han creado una visión del mundo basada en la separación. Newton describió un mundo material en el que las partículas individuales de materia seguían ciertas leyes de movimiento a través del espacio y del tiempo: pensó en el universo como si fuera una gran máquina. Antes de que Newton formulara sus leyes del movimiento, el filósofo francés René Descartes enunció la que en su tiempo era una noción revolucionaria, que nosotros –representados por nuestras mentes– estábamos separados de esta materia inerte y sin vida de nuestros cuerpos, que no eran sino otra máquina bien engrasada. El mundo estaba compuesto por una serie de pequeños objetos discretos que se comportaban previsiblemente. El más separado de ellos era el ser humano. Estábamos fuera del universo y lo observábamos. Hasta nuestros cuerpos estaban separados de algún modo y eran otra cosa que nosotros mismos, las mentes conscientes que realizaban la observación. (AÑO/CERO ).
Durante varias décadas, en todo el mundo, respetados científicos de muy diversas disciplinas han llevado a cabo experimentos bien diseñados cuyos resultados dejan perplejos a los biólogos y a los físicos. En conjunto, estos estudios nos ofrecen abundante información respecto a la fuerza central organizadora que gobierna nuestros cuerpos y el resto del cosmos.
Sus descubrimientos sólo pueden clasificarse como asombrosos. En nuestro aspecto más elemental, no somos una reacción química, sino una carga energética. Los seres humanos y todos los seres vivos son una configuración energética dentro de un campo de energía conectado con todas las demás cosas del mundo. Este campo de energía pulsante es el motor central de nuestro ser y de nuestra conciencia, el alfa y el omega de nuestra existencia.
ANTEPROYECTO DEL MUNDO
No existe una relación dual «yo»/«no yo» entre nuestros cuerpos y el resto del universo, sólo hay un campo energético subyacente. Este campo es responsable de las funciones más elevadas de nuestra mente, y es la fuente de información que guía el crecimiento de nuestros cuerpos. Es nuestro cerebro, nuestro corazón, nuestra memoria: es en todo momento un anteproyecto del mundo. Más que los gérmenes o los genes, el Campo es la fuerza que determina finalmente si estamos sanos o enfermos, y es la fuerza con la que debemos contactar para curarnos. Estamos vinculados e involucrados, somos inseparables de nuestro mundo y nuestra única verdad fundamental es nuestra relación con él. «El campo», como dijo Albert Einstein sucintamente en una ocasión, «es la única realidad».
Hasta hoy, la biología y la física han sido sirvientas de los puntos de vista expuestos por Isaac Newton, el padre de la física moderna. Todo lo que creemos sobre nuestro mundo y el lugar que ocupamos dentro de él se deriva de ideas formuladas en el siglo XVII, que aún siguen formando la columna vertebral de la ciencia moderna; teorías que presentan los elementos del universo como si fueran divisibles, como si estuvieran aislados unos de otros y completamente autocontenidos.
UNA VIDA PREDADORA
Dichas ideas, en esencia, han creado una visión del mundo basada en la separación. Newton describió un mundo material en el que las partículas individuales de materia seguían ciertas leyes de movimiento a través del espacio y del tiempo: pensó en el universo como si fuera una gran máquina. Antes de que Newton formulara sus leyes del movimiento, el filósofo francés René Descartes enunció la que en su tiempo era una noción revolucionaria, que nosotros –representados por nuestras mentes– estábamos separados de esta materia inerte y sin vida de nuestros cuerpos, que no eran sino otra máquina bien engrasada. El mundo estaba compuesto por una serie de pequeños objetos discretos que se comportaban previsiblemente. El más separado de ellos era el ser humano. Estábamos fuera del universo y lo observábamos. Hasta nuestros cuerpos estaban separados de algún modo y eran otra cosa que nosotros mismos, las mentes conscientes que realizaban la observación. (AÑO/CERO ).
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