"LA AGONÍA FÍSICA,BIOLÓGICA,NATURAL DE UN CUERPO POR HAMBRE,SED O FRÍO,DURA POCO, MUY POCO;PERO LA AGONÍA DEL ALMA INSATISFECHA DURA TODA LA VIDA"
Federico GARCÏA LORCA
lunes, 10 de diciembre de 2018
Científico de la NASA afirma que alienígenas “robóticos” podrían haber visitado la tierra
Un científico de la NASA sugiere que los alienígenas podrían haber visitado la Tierra, pero han evitado ser detectados debido a que su apariencia sería muy distinta a lo que esperarían los seres humanos.
En un artículo de investigación , Silvano Colombano, un investigador del Centro Ames de investigación de la NASA, situado en Mountain View, California, afirmó que la humanidad debería ampliar su comprensión de los extraterrestres, por ejemplo, al no concebirlos únicamente como organismos basados en el carbono.
“Simplemente quiero señalar el hecho de que la inteligencia que podríamos hallar y que podría decidir hallarnos (si es que no lo ha hecho aún) podría no estar producida en absoluto por organismos basados en el carbono como nosotros”, escribió.
“Pienso que debemos revisar incluso nuestras suposiciones más preciadas” con el fin de ser más “flexibles”, explicó Colombano.
De acuerdo con el investigador, las suposiciones actuales de la humanidad sobre la vida inteligente se verían enormemente modificadas si su idea de los extraterrestres no basados en el carbono resulta cierta. “Nuestras expectativas de vida típicas dejarían de ser una limitante (aunque también podrían ser afrontadas con misiones multigeneracionales o mediante la animación suspendida), y el tamaño del ‘explorador’ podría ser el de una entidad superinteligente extremadamente pequeña”, teorizó.
“Si adoptamos un nuevo conjunto de suposiciones sobre las formas de inteligencia y tecnología superior que podríamos encontrar, algunos de esos fenómenos podrían encajar en hipótesis específicas, y podríamos comenzar una investigación seria”, dijo Colombano.
En el documento de dos páginas, Colombano también considera la posibilidad de que los alienígenas podrían estar tan desarrollados que los seres humanos ni siquiera podríamos ser capaces de comprender su tecnología.
“Si consideramos, además, que el desarrollo tecnológico de nuestras civilización comenzó hace apenas 10,000 años y que el surgimiento de las metodologías científicas ocurrió únicamente en los últimos 500 años, podemos suponer que tendríamos grandes problemas para pronosticar la evolución tecnológica incluso para los próximos 1,000 años ¡por no hablar de 6 millones de veces esa cantidad!”
En un correo electrónico dirigido a Newsweek, Colombano explicó que, en última instancia, los alienígenas podrían tener una naturaleza “robótica”.
“Básicamente, quiero decir que la vida inteligente ‘evolucionada’ podría tener, en última instancia, una naturaleza robótica, lo cual llevaría a cuestionar todas las funciones típicas que necesitamos hacer acerca de los organismos”, dijo.
( Newsweek )7/12/2018
En un artículo de investigación , Silvano Colombano, un investigador del Centro Ames de investigación de la NASA, situado en Mountain View, California, afirmó que la humanidad debería ampliar su comprensión de los extraterrestres, por ejemplo, al no concebirlos únicamente como organismos basados en el carbono.
“Simplemente quiero señalar el hecho de que la inteligencia que podríamos hallar y que podría decidir hallarnos (si es que no lo ha hecho aún) podría no estar producida en absoluto por organismos basados en el carbono como nosotros”, escribió.
“Pienso que debemos revisar incluso nuestras suposiciones más preciadas” con el fin de ser más “flexibles”, explicó Colombano.
De acuerdo con el investigador, las suposiciones actuales de la humanidad sobre la vida inteligente se verían enormemente modificadas si su idea de los extraterrestres no basados en el carbono resulta cierta. “Nuestras expectativas de vida típicas dejarían de ser una limitante (aunque también podrían ser afrontadas con misiones multigeneracionales o mediante la animación suspendida), y el tamaño del ‘explorador’ podría ser el de una entidad superinteligente extremadamente pequeña”, teorizó.
“Si adoptamos un nuevo conjunto de suposiciones sobre las formas de inteligencia y tecnología superior que podríamos encontrar, algunos de esos fenómenos podrían encajar en hipótesis específicas, y podríamos comenzar una investigación seria”, dijo Colombano.
En el documento de dos páginas, Colombano también considera la posibilidad de que los alienígenas podrían estar tan desarrollados que los seres humanos ni siquiera podríamos ser capaces de comprender su tecnología.
“Si consideramos, además, que el desarrollo tecnológico de nuestras civilización comenzó hace apenas 10,000 años y que el surgimiento de las metodologías científicas ocurrió únicamente en los últimos 500 años, podemos suponer que tendríamos grandes problemas para pronosticar la evolución tecnológica incluso para los próximos 1,000 años ¡por no hablar de 6 millones de veces esa cantidad!”
En un correo electrónico dirigido a Newsweek, Colombano explicó que, en última instancia, los alienígenas podrían tener una naturaleza “robótica”.
“Básicamente, quiero decir que la vida inteligente ‘evolucionada’ podría tener, en última instancia, una naturaleza robótica, lo cual llevaría a cuestionar todas las funciones típicas que necesitamos hacer acerca de los organismos”, dijo.
( Newsweek )7/12/2018
jueves, 6 de diciembre de 2018
Un equipo de expertos investiga en un Instituto de Oxford los riesgos de extinción del ser humano
Necesitamos sabiduría para enfrentar el futuro. Para saber si los progresos tecnológicos de vanguardia van en la dirección adecuada o no; si favorecen al ser humano o todo lo contrario. Para tener una idea de qué hacer si se presentan escenarios que ponen en riesgo la supervivencia de la especie, como los derivados de la amenaza nuclear, la modificación de microbios letales o la creación de mentes digitales más inteligentes que el hombre. A reflexionar sobre este tipo de cuestiones se dedican un puñado de cerebros en un lugar ubicado en Oxford y llamado el Instituto para el Futuro de la Humanidad.
Al frente de un heterodoxo grupo de filósofos, tecnólogos, físicos, economistas y matemáticos se encuentra un filósofo formado en física, neurociencia computacional y matemáticas, un tipo que desde su adolescencia se encontró sin interlocutores con los cuales compartir sus inquietudes acerca de Schopenhauer, un sueco de 42 años que se pasea por las instalaciones del Instituto con un brebaje hecho a base de vegetales, proteínas y grasas al que denomina elixir y que escucha audiolibros al doble de velocidad para no perder un segundo de su preciado tiempo. Se llama Nick Bostrom, y es el autor de Superinteligencia: Caminos, Peligros, Estrategias, un libro que ha causado impacto, una reflexión acerca de cómo afrontar un futuro en que la inteligencia artificial supere a la humana, un ensayo que ha recibido el respaldo explícito de cerebros de Silicon Valley como Bill Gates y Elon Musk, de filósofos como Derek Parfit o Peter Singer, de físicos como Max Tegmark, profesor del Massachusetts Institute of Technology. Un trabajo que, además, se coló en la lista de los libros más vendidos que elabora The New York Times Book Review. La ONU le reclama para que exponga su visión, sociedades científicas como The Royal Society le invitan a dar conferencias, una de sus charlas TED lleva ya contabilizados más de 1.747.000 visionados. Y Stephen Hawking ya ha alertado al mundo: hay que tener cuidado con la Inteligencia Artificial.
El Instituto para el Futuro de la Humanidad —FHI, siglas en inglés— es un espacio con salas de reuniones bautizadas con nombres de héroes anónimos que con un gesto salvaron el mundo —como Stanislav Petrov, teniente coronel ruso que evitó un incidente nuclear durante la Guerra Fría— donde fluyen las ideas, los intercambios de impresiones, donde florecen hipótesis y análisis. Sobre todo, por las tardes-noches: el jefe es, como él mismo confiesa, un noctámbulo; se queda en la oficina hasta las dos de la madrugada.
“En el momento en que sepamos cómo hacer máquinas inteligentes, las haremos”, afirma Bostrom, en una sala del Instituto que dirige, “y para entonces, debemos saber cómo controlarlas. Si tienes un agente artificial con objetivos distintos de los tuyos, cuando se vuelve lo suficientemente inteligente, es capaz de anticipar tus acciones y de hacer planes teniendo en cuenta los tuyos, lo cual podría incluir esconder sus propias capacidades de modo estratégico”. Expertos en Inteligencia Artificial que cita en su libro aseguran que hay un 90% de posibilidades de que entre 2075 y 2090 haya máquinas tan inteligentes como los humanos. En la transición hacia esa nueva era habrá que tomar decisiones. Inocular valores morales a las máquinas, tal vez. Evitar que se vuelvan contra nosotros.
A analizar este tipo de supuestos y escenarios se dedica este hombre que en estos días lee intensivamente sobre machine learning (aprendizaje automático, rama de la inteligencia artificial que explora técnicas para que las computadoras puedan aprender por sí solas) y economía de la innovación. Para Bostrom el tiempo nunca es suficiente. Leer, leer, leer, asentar conocimientos, profundizar, escribir. “El tiempo es precioso. Es un bien de gran valor que constantemente se nos desliza entre los dedos”.
La gente parece olvidar la guerra nuclear. Un cambio para mal en la geopolítica podría ser un peligro
Estudiar, formular hipótesis, desarrollarlas, anticipar escenarios. Es lo que se hace en este Instituto donde se cultiva la tormenta de ideas y la videoconferencia, un laberinto de salas dominadas por pizarras velleda con diagramas y en cuyo pasillo de entrada cuelga un cartel que reproduce la portada de Un mundo feliz, la visionaria distopía firmada por Aldous Huxley en 1932. Un total de 16 profesionales trabajan aquí. Publican en revistas académicas, hacen informes de riesgos para compañías tecnológicas, para gobiernos (por ejemplo, el finlandés) o para la ONU, que se dispone a crear su primer programa sobre Inteligencia Artificial —uno de cuyos representantes andaba la semana pasada por las oficinas del FHI—. Niel Bowerman, director adjunto, físico del clima y exasesor del equipo político de Energía y Medio Ambiente de Barack Obama, explica que en el instituto siempre estudian cómo de grande es un problema, cuánta gente trabaja en él y cómo de fácil es realizar progresos en esa área para determinar los campos de estudio.
Bostrom es el hombre que comanda el Instituto, el que decide por dónde se transita, el visionario. Desarrolla su labor gracias al impulso filantrópico de James Martin, millonario interesado en las cuestiones de los riesgos existenciales del futuro que impulsó el FHI hace diez años para que se estudie y reflexione en torno a aquellas cosas en las que la industria y los gobiernos, guiados por sus particulares intereses, no tienen por qué pensar.
Al filósofo sueco, que formó parte en 2009 de la lista de los 100 mayores pensadores globales de la revista Foreign Policy, le interesa estudiar, sobre todo, amenazas lejanas, a las que no le gusta poner fecha. “Cuanto más largo sea el plazo”, dice, "mayores son las posibilidades de un escenario de extinción o de era posthumana”. Pero existen peligros a corto plazo. Los que más le preocupan a Bostrom son los que pueden afectar negativamente a las personas como las plagas, la gripe aviar, los virus, las pandemias.
En cuanto a la Inteligencia Artificial y su cruce con la militar, dice que el riesgo más claro lo presentan los drones y las armas letales autónomas. Y recuerda que la guerra nuclear, aunque tiene pocas probabilidades de llegar, sigue siendo un peligro latente. “La gente parece haber dejado de preocuparse por ella; un cambio para mal en la situación geopolítica podría convertirse en un gran peligro”.
“Hay una carrera entre nuestro progreso tecnológico y nuestra sabiduría, que va mucho más despacio
La biotecnología, y en particular, la posibilidad que ofrece el sistema de edición genética CRISPR de crear armas biológicas, también plantea nuevos desafíos. “La biotecnología está avanzando rápidamente va a permitir manipular la vida, modificar microbios con gran precisión y poder. Eso abre el paso a capacidades muy destructivas”. La tecnología nuclear, señala, se puede controlar. La biotecnología, la nanotecnología, lo que haga alguien un garaje con un equipo de segunda mano comprado en EBay, no tanto. Con poco se puede hacer mucho daño.
Superada su etapa transhumanista —fundó en 1998 junto a David Pearce la Asociación Mundial Transhumanista, colectivo que aboga de modo entusiasta por la expansión de las capacidades humanas mediante el uso de las tecnologías—, Bostrom ha encontrado en la Inteligencia Artificial el terreno perfecto para desarrollar su trabajo. La carrera en este campo se ha desatado, grandes empresas —Google compró en 2014 la tecnológica DeepMind— y Estados pugnan por hacerse con un sector que podría otorgar poderes inmensos, casi inimaginables.
Uno de los escenarios que proyecta en su libro, es el de la toma de poder por parte de una Inteligencia Artificial (AI, siglas en inglés). Se produce una explosión de inteligencia. Las máquinas llegan a un punto en que superan a sus programadores, los humanos. Son capaces de mejorarse a sí mismas. De desarrollar grandes habilidades de programación, estratégicas, de manipulación social, de hacking. Pueden querer tomar el control del planeta. Los humanos pueden ser un estorbo para sus objetivos. Para tomar el control, esconden sus cartas. Podrán mostrarse inicialmente dóciles. En el momento en que desarrollan todos sus poderes, pueden lanzar un ataque contra la especie humana. Hackear drones, armas. Liberar robots del tamaño de un mosquito elaborados en nanofactorías que producen gas nervioso, o gas mostaza.
Esta es simplemente la síntesis del desarrollo de un escenario. Pero, como decía la crítica de Superinteligencia de la revista The Economist, las implicaciones de la introducción de una segunda especie inteligente en la Tierra merecen que alguien piense en ellas. “Antes, muchas de estas cuestiones, no solo las del AI, solían estar en el campo de la ciencia ficción, de la especulación”, dice Bostrom, “para mucha gente era difícil de entender que se pudiera hacer trabajo académico con ello, que se podían hacer progresos intelectuales”.
Al frente de un heterodoxo grupo de filósofos, tecnólogos, físicos, economistas y matemáticos se encuentra un filósofo formado en física, neurociencia computacional y matemáticas, un tipo que desde su adolescencia se encontró sin interlocutores con los cuales compartir sus inquietudes acerca de Schopenhauer, un sueco de 42 años que se pasea por las instalaciones del Instituto con un brebaje hecho a base de vegetales, proteínas y grasas al que denomina elixir y que escucha audiolibros al doble de velocidad para no perder un segundo de su preciado tiempo. Se llama Nick Bostrom, y es el autor de Superinteligencia: Caminos, Peligros, Estrategias, un libro que ha causado impacto, una reflexión acerca de cómo afrontar un futuro en que la inteligencia artificial supere a la humana, un ensayo que ha recibido el respaldo explícito de cerebros de Silicon Valley como Bill Gates y Elon Musk, de filósofos como Derek Parfit o Peter Singer, de físicos como Max Tegmark, profesor del Massachusetts Institute of Technology. Un trabajo que, además, se coló en la lista de los libros más vendidos que elabora The New York Times Book Review. La ONU le reclama para que exponga su visión, sociedades científicas como The Royal Society le invitan a dar conferencias, una de sus charlas TED lleva ya contabilizados más de 1.747.000 visionados. Y Stephen Hawking ya ha alertado al mundo: hay que tener cuidado con la Inteligencia Artificial.
El Instituto para el Futuro de la Humanidad —FHI, siglas en inglés— es un espacio con salas de reuniones bautizadas con nombres de héroes anónimos que con un gesto salvaron el mundo —como Stanislav Petrov, teniente coronel ruso que evitó un incidente nuclear durante la Guerra Fría— donde fluyen las ideas, los intercambios de impresiones, donde florecen hipótesis y análisis. Sobre todo, por las tardes-noches: el jefe es, como él mismo confiesa, un noctámbulo; se queda en la oficina hasta las dos de la madrugada.
“En el momento en que sepamos cómo hacer máquinas inteligentes, las haremos”, afirma Bostrom, en una sala del Instituto que dirige, “y para entonces, debemos saber cómo controlarlas. Si tienes un agente artificial con objetivos distintos de los tuyos, cuando se vuelve lo suficientemente inteligente, es capaz de anticipar tus acciones y de hacer planes teniendo en cuenta los tuyos, lo cual podría incluir esconder sus propias capacidades de modo estratégico”. Expertos en Inteligencia Artificial que cita en su libro aseguran que hay un 90% de posibilidades de que entre 2075 y 2090 haya máquinas tan inteligentes como los humanos. En la transición hacia esa nueva era habrá que tomar decisiones. Inocular valores morales a las máquinas, tal vez. Evitar que se vuelvan contra nosotros.
A analizar este tipo de supuestos y escenarios se dedica este hombre que en estos días lee intensivamente sobre machine learning (aprendizaje automático, rama de la inteligencia artificial que explora técnicas para que las computadoras puedan aprender por sí solas) y economía de la innovación. Para Bostrom el tiempo nunca es suficiente. Leer, leer, leer, asentar conocimientos, profundizar, escribir. “El tiempo es precioso. Es un bien de gran valor que constantemente se nos desliza entre los dedos”.
La gente parece olvidar la guerra nuclear. Un cambio para mal en la geopolítica podría ser un peligro
Estudiar, formular hipótesis, desarrollarlas, anticipar escenarios. Es lo que se hace en este Instituto donde se cultiva la tormenta de ideas y la videoconferencia, un laberinto de salas dominadas por pizarras velleda con diagramas y en cuyo pasillo de entrada cuelga un cartel que reproduce la portada de Un mundo feliz, la visionaria distopía firmada por Aldous Huxley en 1932. Un total de 16 profesionales trabajan aquí. Publican en revistas académicas, hacen informes de riesgos para compañías tecnológicas, para gobiernos (por ejemplo, el finlandés) o para la ONU, que se dispone a crear su primer programa sobre Inteligencia Artificial —uno de cuyos representantes andaba la semana pasada por las oficinas del FHI—. Niel Bowerman, director adjunto, físico del clima y exasesor del equipo político de Energía y Medio Ambiente de Barack Obama, explica que en el instituto siempre estudian cómo de grande es un problema, cuánta gente trabaja en él y cómo de fácil es realizar progresos en esa área para determinar los campos de estudio.
Bostrom es el hombre que comanda el Instituto, el que decide por dónde se transita, el visionario. Desarrolla su labor gracias al impulso filantrópico de James Martin, millonario interesado en las cuestiones de los riesgos existenciales del futuro que impulsó el FHI hace diez años para que se estudie y reflexione en torno a aquellas cosas en las que la industria y los gobiernos, guiados por sus particulares intereses, no tienen por qué pensar.
Al filósofo sueco, que formó parte en 2009 de la lista de los 100 mayores pensadores globales de la revista Foreign Policy, le interesa estudiar, sobre todo, amenazas lejanas, a las que no le gusta poner fecha. “Cuanto más largo sea el plazo”, dice, "mayores son las posibilidades de un escenario de extinción o de era posthumana”. Pero existen peligros a corto plazo. Los que más le preocupan a Bostrom son los que pueden afectar negativamente a las personas como las plagas, la gripe aviar, los virus, las pandemias.
En cuanto a la Inteligencia Artificial y su cruce con la militar, dice que el riesgo más claro lo presentan los drones y las armas letales autónomas. Y recuerda que la guerra nuclear, aunque tiene pocas probabilidades de llegar, sigue siendo un peligro latente. “La gente parece haber dejado de preocuparse por ella; un cambio para mal en la situación geopolítica podría convertirse en un gran peligro”.
“Hay una carrera entre nuestro progreso tecnológico y nuestra sabiduría, que va mucho más despacio
La biotecnología, y en particular, la posibilidad que ofrece el sistema de edición genética CRISPR de crear armas biológicas, también plantea nuevos desafíos. “La biotecnología está avanzando rápidamente va a permitir manipular la vida, modificar microbios con gran precisión y poder. Eso abre el paso a capacidades muy destructivas”. La tecnología nuclear, señala, se puede controlar. La biotecnología, la nanotecnología, lo que haga alguien un garaje con un equipo de segunda mano comprado en EBay, no tanto. Con poco se puede hacer mucho daño.
Superada su etapa transhumanista —fundó en 1998 junto a David Pearce la Asociación Mundial Transhumanista, colectivo que aboga de modo entusiasta por la expansión de las capacidades humanas mediante el uso de las tecnologías—, Bostrom ha encontrado en la Inteligencia Artificial el terreno perfecto para desarrollar su trabajo. La carrera en este campo se ha desatado, grandes empresas —Google compró en 2014 la tecnológica DeepMind— y Estados pugnan por hacerse con un sector que podría otorgar poderes inmensos, casi inimaginables.
Uno de los escenarios que proyecta en su libro, es el de la toma de poder por parte de una Inteligencia Artificial (AI, siglas en inglés). Se produce una explosión de inteligencia. Las máquinas llegan a un punto en que superan a sus programadores, los humanos. Son capaces de mejorarse a sí mismas. De desarrollar grandes habilidades de programación, estratégicas, de manipulación social, de hacking. Pueden querer tomar el control del planeta. Los humanos pueden ser un estorbo para sus objetivos. Para tomar el control, esconden sus cartas. Podrán mostrarse inicialmente dóciles. En el momento en que desarrollan todos sus poderes, pueden lanzar un ataque contra la especie humana. Hackear drones, armas. Liberar robots del tamaño de un mosquito elaborados en nanofactorías que producen gas nervioso, o gas mostaza.
Esta es simplemente la síntesis del desarrollo de un escenario. Pero, como decía la crítica de Superinteligencia de la revista The Economist, las implicaciones de la introducción de una segunda especie inteligente en la Tierra merecen que alguien piense en ellas. “Antes, muchas de estas cuestiones, no solo las del AI, solían estar en el campo de la ciencia ficción, de la especulación”, dice Bostrom, “para mucha gente era difícil de entender que se pudiera hacer trabajo académico con ello, que se podían hacer progresos intelectuales”.
lunes, 3 de diciembre de 2018
«Debemos tomar en serio la existencia de alienígenas»
Si no somos la primera civilización que abarca el planeta en el universo, dice el físico Adam Frank, «eso significa que es probable que haya reglas sobre cómo progresa el destino de una civilización joven como la nuestra». Nuestra civilización antropocena es solo la etapa actual de los experimentos evolutivos en curso de l«Debemos tomar en serio la existencia de alienígenas», dice un físico
Si no somos la primera civilización que abarca el planeta en el universo, dice el físico Adam Frank, «eso significa que es probable que haya reglas sobre cómo progresa el destino de una civilización joven como la nuestra». Nuestra civilización antropocena es solo la etapa actual de los experimentos evolutivos en curso de la Tierra. Nuestro punto azul pálido es solo uno de los diez mil millones de billones de planetas del universo, y es muy probable que muchos de esos planetas alberguen civilizaciones alienígenas tecnológicamente avanzadas. Y al igual que la especie humana, cada una de esas civilizaciones debe haber enfrentado el mismo desafío a la vanguardia del cambio climático impulsado por la civilización. ¿Qué tan común es el antropoceno? Gracias a toda nuestra contaminación causada por el plástico y las pruebas nucleares, los seres humanos han interrumpido una era geológica por 11.700 años de edad, conocida como el Holoceno, y han iniciado una nueva Era, con influencia humana llamada Antropoceno, según los expertos
Frank plantea esta pregunta: «¿Con qué frecuencia las civilizaciones provocan el cambio climático en sus planetas? Y, lo más importante, ¿qué tan fácil es para una civilización superar el cuello de botella del antropoceno?». Es hora de tomar en serio la existencia de alienígenas, por lo que realmente queremos decir exocivilizaciones. Todo lo que se ha aprendido en las revoluciones astrobiológicas de las últimas décadas, escribe Frank a la luz de las estrellas: mundos alienígenas y el destino de la Tierra. Ahora nos permite ver qué tan improbable es que seamos el único proyecto de civilización en la historia cósmica. Esa comprensión nos dice que si hacemos las preguntas correctas, las que están respaldadas por los números de los nuevos descubrimientos de exoplanetas, podemos comenzar a distinguir los contornos de una ciencia de exocivilizaciones que es relevante para nuestra propia crisis en la Tierra”. Muchas exocivilizaciones podrían haber aparecido y desaparecido A los científicos les gusta tener un universo de más de mil puntos de datos para lo que sea que estén estudiando. Con esa cantidad de datos, cantidades como los promedios tienen sentido, afirma Frank. Mientras la elección de la naturaleza para la probabilidad biotecnológica sea mil veces mayor que la línea del pesimismo, mil exocivilizaciones ya habrán vivido sus historias a través del espacio y el tiempo cósmicos. Dado el ya pequeño valor de la línea del pesimismo, no es un gran salto imaginar que mil civilizaciones ya han seguido su curso”. El proyecto colectivo masivo que llamamos civilización comenzó hace casi diez mil años, cuando terminó la última edad de hielo y el clima de nuestro planeta se volvió más cálido y más húmedo con el comienzo de lo que los geólogos llaman el Holoceno, una época planetaria posterior al final de la Edad de Hielo. Pero al impulsar el cambio climático, la especie humana ahora está empujando a la Tierra fuera del Holoceno hacia una nueva era en la que los impactos humanos dominan el comportamiento a largo plazo del planeta.
¿Convertirse en un ganador en el juego de la evolución cósmica significa que tenemos a la Tierra en una versión perpetua del Holoceno? pregunta Frank. ¿Nunca permitiremos que se forme otra Edad de Hielo? Si eso es cierto, ¿qué pasa con las especies que podrían haber surgido en las eras de hielo que bloqueamos? ¿Tenemos derecho a impedir que entren en el drama de la Tierra?”. Lo que realmente nos preocupa cuando hablamos del Antropoceno es la habitabilidad del planeta para un tipo particular de civilización tecnológica globalmente interdependiente e intensiva en energía que prospera dentro de la época climática actual: el Holoceno. Pero los océanos una vez globales de Marte y las cinco extinciones en masa impulsadas por el CO2 en la Tierra muestran cómo la vida temporal y fugaz puede ser con las épocas impulsadas por el clima. La historia de la civilización humana luego de la Edad de Hielo La Tierra soportó la última Edad de Hielo durante casi cien mil años. Solo después de que los glaciares rezagados finales se retiraron, observa Frank, Comenzó el proyecto de la civilización humana. Nuestra historia de la agricultura y las ciudades, la escritura y la construcción de máquinas encaja completamente dentro del Holoceno: el actual período interglacial de diez mil años de antigüedad”. Ante el cambio climático, la deforestación y la pérdida de biodiversidad, crear una versión sostenible de la civilización es una de las tareas más urgentes de la humanidad. Pero cuando nos enfrentamos a este inmenso desafío, rara vez nos preguntamos cuál puede ser la pregunta más apremiante de todas: ¿Cómo sabemos si la sostenibilidad es posible? Los astrónomos han inventariado una parte considerable de las estrellas, galaxias, cometas y agujeros negros del universo. Pero, ¿son los planetas con civilizaciones sostenibles también algo que contiene el universo? ¿O es que todas las civilizaciones que pueden haber surgido en el cosmos duran solo unos pocos siglos antes de que caiga el cambio climático que desencadena?
Frank, profesor de física y astronomía en la University of Rochester, forma parte de un grupo de investigadores que han dado los primeros pasos para responder estas preguntas. En un nuevo estudio publicado en la revista Astrobiology, el grupo, que incluye a Frank, Jonathan Carroll-Nellenback, un científico computacional de Rochester, Marina Alberti de la University of Washington y Axel Kleidon del Max Planck Institute for Biogeochemistry, responde a estas preguntas desde una perspectiva «astrobiológica». Frank dice: La astrobiología es el estudio de la vida y sus posibilidades en un contexto planetario. Eso incluye ‘ex-civilizaciones’ o lo que generalmente llamamos alienígenas”. Cambios climáticos en ex-civilizaciones Frank y sus colegas señalan que las discusiones sobre el cambio climático rara vez tienen lugar en este contexto más amplio, uno que considera la probabilidad de que no sea la primera vez en la historia cósmica que un planeta y su biósfera han evolucionado hasta convertirse en algo parecido a lo que hemos creado en la Tierra. A medida que la población de una civilización crece, utiliza cada vez más recursos de su planeta. Al consumir los recursos del planeta, la civilización cambia las condiciones del planeta. En resumen, las civilizaciones y los planetas no evolucionan separados unos de otros; evolucionan de manera interdependiente, y el destino de nuestra propia civilización depende de cómo usamos los recursos de la Tierra.a Tierra. Nuestro punto azul pálido es solo uno de los diez mil millones de billones de planetas del universo, y es muy probable que muchos de esos planetas alberguen civilizaciones alienígenas tecnológicamente avanzadas. Y al igual que la especie humana, cada una de esas civilizaciones debe haber enfrentado el mismo desafío a la vanguardia del cambio climático impulsado por la civilización. ¿Qué tan común es el antropoceno? Gracias a toda nuestra contaminación causada por el plástico y las pruebas nucleares, los seres humanos han interrumpido una era geológica por 11.700 años de edad, conocida como el Holoceno, y han iniciado una nueva Era, con influencia humana llamada Antropoceno, según los expertos
Frank plantea esta pregunta: «¿Con qué frecuencia las civilizaciones provocan el cambio climático en sus planetas? Y, lo más importante, ¿qué tan fácil es para una civilización superar el cuello de botella del antropoceno?». Es hora de tomar en serio la existencia de alienígenas, por lo que realmente queremos decir exocivilizaciones. Todo lo que se ha aprendido en las revoluciones astrobiológicas de las últimas décadas, escribe Frank a la luz de las estrellas: mundos alienígenas y el destino de la Tierra. Ahora nos permite ver qué tan improbable es que seamos el único proyecto de civilización en la historia cósmica. Esa comprensión nos dice que si hacemos las preguntas correctas, las que están respaldadas por los números de los nuevos descubrimientos de exoplanetas, podemos comenzar a distinguir los contornos de una ciencia de exocivilizaciones que es relevante para nuestra propia crisis en la Tierra”. Muchas exocivilizaciones podrían haber aparecido y desaparecido A los científicos les gusta tener un universo de más de mil puntos de datos para lo que sea que estén estudiando. Con esa cantidad de datos, cantidades como los promedios tienen sentido, afirma Frank. Mientras la elección de la naturaleza para la probabilidad biotecnológica sea mil veces mayor que la línea del pesimismo, mil exocivilizaciones ya habrán vivido sus historias a través del espacio y el tiempo cósmicos. Dado el ya pequeño valor de la línea del pesimismo, no es un gran salto imaginar que mil civilizaciones ya han seguido su curso”. El proyecto colectivo masivo que llamamos civilización comenzó hace casi diez mil años, cuando terminó la última edad de hielo y el clima de nuestro planeta se volvió más cálido y más húmedo con el comienzo de lo que los geólogos llaman el Holoceno, una época planetaria posterior al final de la Edad de Hielo. Pero al impulsar el cambio climático, la especie humana ahora está empujando a la Tierra fuera del Holoceno hacia una nueva era en la que los impactos humanos dominan el comportamiento a largo plazo del planeta.
¿Convertirse en un ganador en el juego de la evolución cósmica significa que tenemos a la Tierra en una versión perpetua del Holoceno? pregunta Frank. ¿Nunca permitiremos que se forme otra Edad de Hielo? Si eso es cierto, ¿qué pasa con las especies que podrían haber surgido en las eras de hielo que bloqueamos? ¿Tenemos derecho a impedir que entren en el drama de la Tierra?”. Lo que realmente nos preocupa cuando hablamos del Antropoceno es la habitabilidad del planeta para un tipo particular de civilización tecnológica globalmente interdependiente e intensiva en energía que prospera dentro de la época climática actual: el Holoceno. Pero los océanos una vez globales de Marte y las cinco extinciones en masa impulsadas por el CO2 en la Tierra muestran cómo la vida temporal y fugaz puede ser con las épocas impulsadas por el clima. La historia de la civilización humana luego de la Edad de Hielo La Tierra soportó la última Edad de Hielo durante casi cien mil años. Solo después de que los glaciares rezagados finales se retiraron, observa Frank, Comenzó el proyecto de la civilización humana. Nuestra historia de la agricultura y las ciudades, la escritura y la construcción de máquinas encaja completamente dentro del Holoceno: el actual período interglacial de diez mil años de antigüedad”. Ante el cambio climático, la deforestación y la pérdida de biodiversidad, crear una versión sostenible de la civilización es una de las tareas más urgentes de la humanidad. Pero cuando nos enfrentamos a este inmenso desafío, rara vez nos preguntamos cuál puede ser la pregunta más apremiante de todas: ¿Cómo sabemos si la sostenibilidad es posible? Los astrónomos han inventariado una parte considerable de las estrellas, galaxias, cometas y agujeros negros del universo. Pero, ¿son los planetas con civilizaciones sostenibles también algo que contiene el universo? ¿O es que todas las civilizaciones que pueden haber surgido en el cosmos duran solo unos pocos siglos antes de que caiga el cambio climático que desencadena?
Frank, profesor de física y astronomía en la University of Rochester, forma parte de un grupo de investigadores que han dado los primeros pasos para responder estas preguntas. En un nuevo estudio publicado en la revista Astrobiology, el grupo, que incluye a Frank, Jonathan Carroll-Nellenback, un científico computacional de Rochester, Marina Alberti de la University of Washington y Axel Kleidon del Max Planck Institute for Biogeochemistry, responde a estas preguntas desde una perspectiva «astrobiológica». Frank dice: La astrobiología es el estudio de la vida y sus posibilidades en un contexto planetario. Eso incluye ‘ex-civilizaciones’ o lo que generalmente llamamos alienígenas”. Cambios climáticos en ex-civilizaciones Frank y sus colegas señalan que las discusiones sobre el cambio climático rara vez tienen lugar en este contexto más amplio, uno que considera la probabilidad de que no sea la primera vez en la historia cósmica que un planeta y su biósfera han evolucionado hasta convertirse en algo parecido a lo que hemos creado en la Tierra. A medida que la población de una civilización crece, utiliza cada vez más recursos de su planeta. Al consumir los recursos del planeta, la civilización cambia las condiciones del planeta. En resumen, las civilizaciones y los planetas no evolucionan separados unos de otros; evolucionan de manera interdependiente, y el destino de nuestra propia civilización depende de cómo usamos los recursos de la Tierra.
Si no somos la primera civilización que abarca el planeta en el universo, dice el físico Adam Frank, «eso significa que es probable que haya reglas sobre cómo progresa el destino de una civilización joven como la nuestra». Nuestra civilización antropocena es solo la etapa actual de los experimentos evolutivos en curso de la Tierra. Nuestro punto azul pálido es solo uno de los diez mil millones de billones de planetas del universo, y es muy probable que muchos de esos planetas alberguen civilizaciones alienígenas tecnológicamente avanzadas. Y al igual que la especie humana, cada una de esas civilizaciones debe haber enfrentado el mismo desafío a la vanguardia del cambio climático impulsado por la civilización. ¿Qué tan común es el antropoceno? Gracias a toda nuestra contaminación causada por el plástico y las pruebas nucleares, los seres humanos han interrumpido una era geológica por 11.700 años de edad, conocida como el Holoceno, y han iniciado una nueva Era, con influencia humana llamada Antropoceno, según los expertos
Frank plantea esta pregunta: «¿Con qué frecuencia las civilizaciones provocan el cambio climático en sus planetas? Y, lo más importante, ¿qué tan fácil es para una civilización superar el cuello de botella del antropoceno?». Es hora de tomar en serio la existencia de alienígenas, por lo que realmente queremos decir exocivilizaciones. Todo lo que se ha aprendido en las revoluciones astrobiológicas de las últimas décadas, escribe Frank a la luz de las estrellas: mundos alienígenas y el destino de la Tierra. Ahora nos permite ver qué tan improbable es que seamos el único proyecto de civilización en la historia cósmica. Esa comprensión nos dice que si hacemos las preguntas correctas, las que están respaldadas por los números de los nuevos descubrimientos de exoplanetas, podemos comenzar a distinguir los contornos de una ciencia de exocivilizaciones que es relevante para nuestra propia crisis en la Tierra”. Muchas exocivilizaciones podrían haber aparecido y desaparecido A los científicos les gusta tener un universo de más de mil puntos de datos para lo que sea que estén estudiando. Con esa cantidad de datos, cantidades como los promedios tienen sentido, afirma Frank. Mientras la elección de la naturaleza para la probabilidad biotecnológica sea mil veces mayor que la línea del pesimismo, mil exocivilizaciones ya habrán vivido sus historias a través del espacio y el tiempo cósmicos. Dado el ya pequeño valor de la línea del pesimismo, no es un gran salto imaginar que mil civilizaciones ya han seguido su curso”. El proyecto colectivo masivo que llamamos civilización comenzó hace casi diez mil años, cuando terminó la última edad de hielo y el clima de nuestro planeta se volvió más cálido y más húmedo con el comienzo de lo que los geólogos llaman el Holoceno, una época planetaria posterior al final de la Edad de Hielo. Pero al impulsar el cambio climático, la especie humana ahora está empujando a la Tierra fuera del Holoceno hacia una nueva era en la que los impactos humanos dominan el comportamiento a largo plazo del planeta.
¿Convertirse en un ganador en el juego de la evolución cósmica significa que tenemos a la Tierra en una versión perpetua del Holoceno? pregunta Frank. ¿Nunca permitiremos que se forme otra Edad de Hielo? Si eso es cierto, ¿qué pasa con las especies que podrían haber surgido en las eras de hielo que bloqueamos? ¿Tenemos derecho a impedir que entren en el drama de la Tierra?”. Lo que realmente nos preocupa cuando hablamos del Antropoceno es la habitabilidad del planeta para un tipo particular de civilización tecnológica globalmente interdependiente e intensiva en energía que prospera dentro de la época climática actual: el Holoceno. Pero los océanos una vez globales de Marte y las cinco extinciones en masa impulsadas por el CO2 en la Tierra muestran cómo la vida temporal y fugaz puede ser con las épocas impulsadas por el clima. La historia de la civilización humana luego de la Edad de Hielo La Tierra soportó la última Edad de Hielo durante casi cien mil años. Solo después de que los glaciares rezagados finales se retiraron, observa Frank, Comenzó el proyecto de la civilización humana. Nuestra historia de la agricultura y las ciudades, la escritura y la construcción de máquinas encaja completamente dentro del Holoceno: el actual período interglacial de diez mil años de antigüedad”. Ante el cambio climático, la deforestación y la pérdida de biodiversidad, crear una versión sostenible de la civilización es una de las tareas más urgentes de la humanidad. Pero cuando nos enfrentamos a este inmenso desafío, rara vez nos preguntamos cuál puede ser la pregunta más apremiante de todas: ¿Cómo sabemos si la sostenibilidad es posible? Los astrónomos han inventariado una parte considerable de las estrellas, galaxias, cometas y agujeros negros del universo. Pero, ¿son los planetas con civilizaciones sostenibles también algo que contiene el universo? ¿O es que todas las civilizaciones que pueden haber surgido en el cosmos duran solo unos pocos siglos antes de que caiga el cambio climático que desencadena?
Frank, profesor de física y astronomía en la University of Rochester, forma parte de un grupo de investigadores que han dado los primeros pasos para responder estas preguntas. En un nuevo estudio publicado en la revista Astrobiology, el grupo, que incluye a Frank, Jonathan Carroll-Nellenback, un científico computacional de Rochester, Marina Alberti de la University of Washington y Axel Kleidon del Max Planck Institute for Biogeochemistry, responde a estas preguntas desde una perspectiva «astrobiológica». Frank dice: La astrobiología es el estudio de la vida y sus posibilidades en un contexto planetario. Eso incluye ‘ex-civilizaciones’ o lo que generalmente llamamos alienígenas”. Cambios climáticos en ex-civilizaciones Frank y sus colegas señalan que las discusiones sobre el cambio climático rara vez tienen lugar en este contexto más amplio, uno que considera la probabilidad de que no sea la primera vez en la historia cósmica que un planeta y su biósfera han evolucionado hasta convertirse en algo parecido a lo que hemos creado en la Tierra. A medida que la población de una civilización crece, utiliza cada vez más recursos de su planeta. Al consumir los recursos del planeta, la civilización cambia las condiciones del planeta. En resumen, las civilizaciones y los planetas no evolucionan separados unos de otros; evolucionan de manera interdependiente, y el destino de nuestra propia civilización depende de cómo usamos los recursos de la Tierra.a Tierra. Nuestro punto azul pálido es solo uno de los diez mil millones de billones de planetas del universo, y es muy probable que muchos de esos planetas alberguen civilizaciones alienígenas tecnológicamente avanzadas. Y al igual que la especie humana, cada una de esas civilizaciones debe haber enfrentado el mismo desafío a la vanguardia del cambio climático impulsado por la civilización. ¿Qué tan común es el antropoceno? Gracias a toda nuestra contaminación causada por el plástico y las pruebas nucleares, los seres humanos han interrumpido una era geológica por 11.700 años de edad, conocida como el Holoceno, y han iniciado una nueva Era, con influencia humana llamada Antropoceno, según los expertos
Frank plantea esta pregunta: «¿Con qué frecuencia las civilizaciones provocan el cambio climático en sus planetas? Y, lo más importante, ¿qué tan fácil es para una civilización superar el cuello de botella del antropoceno?». Es hora de tomar en serio la existencia de alienígenas, por lo que realmente queremos decir exocivilizaciones. Todo lo que se ha aprendido en las revoluciones astrobiológicas de las últimas décadas, escribe Frank a la luz de las estrellas: mundos alienígenas y el destino de la Tierra. Ahora nos permite ver qué tan improbable es que seamos el único proyecto de civilización en la historia cósmica. Esa comprensión nos dice que si hacemos las preguntas correctas, las que están respaldadas por los números de los nuevos descubrimientos de exoplanetas, podemos comenzar a distinguir los contornos de una ciencia de exocivilizaciones que es relevante para nuestra propia crisis en la Tierra”. Muchas exocivilizaciones podrían haber aparecido y desaparecido A los científicos les gusta tener un universo de más de mil puntos de datos para lo que sea que estén estudiando. Con esa cantidad de datos, cantidades como los promedios tienen sentido, afirma Frank. Mientras la elección de la naturaleza para la probabilidad biotecnológica sea mil veces mayor que la línea del pesimismo, mil exocivilizaciones ya habrán vivido sus historias a través del espacio y el tiempo cósmicos. Dado el ya pequeño valor de la línea del pesimismo, no es un gran salto imaginar que mil civilizaciones ya han seguido su curso”. El proyecto colectivo masivo que llamamos civilización comenzó hace casi diez mil años, cuando terminó la última edad de hielo y el clima de nuestro planeta se volvió más cálido y más húmedo con el comienzo de lo que los geólogos llaman el Holoceno, una época planetaria posterior al final de la Edad de Hielo. Pero al impulsar el cambio climático, la especie humana ahora está empujando a la Tierra fuera del Holoceno hacia una nueva era en la que los impactos humanos dominan el comportamiento a largo plazo del planeta.
¿Convertirse en un ganador en el juego de la evolución cósmica significa que tenemos a la Tierra en una versión perpetua del Holoceno? pregunta Frank. ¿Nunca permitiremos que se forme otra Edad de Hielo? Si eso es cierto, ¿qué pasa con las especies que podrían haber surgido en las eras de hielo que bloqueamos? ¿Tenemos derecho a impedir que entren en el drama de la Tierra?”. Lo que realmente nos preocupa cuando hablamos del Antropoceno es la habitabilidad del planeta para un tipo particular de civilización tecnológica globalmente interdependiente e intensiva en energía que prospera dentro de la época climática actual: el Holoceno. Pero los océanos una vez globales de Marte y las cinco extinciones en masa impulsadas por el CO2 en la Tierra muestran cómo la vida temporal y fugaz puede ser con las épocas impulsadas por el clima. La historia de la civilización humana luego de la Edad de Hielo La Tierra soportó la última Edad de Hielo durante casi cien mil años. Solo después de que los glaciares rezagados finales se retiraron, observa Frank, Comenzó el proyecto de la civilización humana. Nuestra historia de la agricultura y las ciudades, la escritura y la construcción de máquinas encaja completamente dentro del Holoceno: el actual período interglacial de diez mil años de antigüedad”. Ante el cambio climático, la deforestación y la pérdida de biodiversidad, crear una versión sostenible de la civilización es una de las tareas más urgentes de la humanidad. Pero cuando nos enfrentamos a este inmenso desafío, rara vez nos preguntamos cuál puede ser la pregunta más apremiante de todas: ¿Cómo sabemos si la sostenibilidad es posible? Los astrónomos han inventariado una parte considerable de las estrellas, galaxias, cometas y agujeros negros del universo. Pero, ¿son los planetas con civilizaciones sostenibles también algo que contiene el universo? ¿O es que todas las civilizaciones que pueden haber surgido en el cosmos duran solo unos pocos siglos antes de que caiga el cambio climático que desencadena?
Frank, profesor de física y astronomía en la University of Rochester, forma parte de un grupo de investigadores que han dado los primeros pasos para responder estas preguntas. En un nuevo estudio publicado en la revista Astrobiology, el grupo, que incluye a Frank, Jonathan Carroll-Nellenback, un científico computacional de Rochester, Marina Alberti de la University of Washington y Axel Kleidon del Max Planck Institute for Biogeochemistry, responde a estas preguntas desde una perspectiva «astrobiológica». Frank dice: La astrobiología es el estudio de la vida y sus posibilidades en un contexto planetario. Eso incluye ‘ex-civilizaciones’ o lo que generalmente llamamos alienígenas”. Cambios climáticos en ex-civilizaciones Frank y sus colegas señalan que las discusiones sobre el cambio climático rara vez tienen lugar en este contexto más amplio, uno que considera la probabilidad de que no sea la primera vez en la historia cósmica que un planeta y su biósfera han evolucionado hasta convertirse en algo parecido a lo que hemos creado en la Tierra. A medida que la población de una civilización crece, utiliza cada vez más recursos de su planeta. Al consumir los recursos del planeta, la civilización cambia las condiciones del planeta. En resumen, las civilizaciones y los planetas no evolucionan separados unos de otros; evolucionan de manera interdependiente, y el destino de nuestra propia civilización depende de cómo usamos los recursos de la Tierra.
domingo, 2 de diciembre de 2018
jueves, 29 de noviembre de 2018
Bases científicas de la telepatía, la meditación masiva y los efectos de campo globales
El organismo humano está energéticamente vinculado a la Tierra a través de interacciones electromagnéticas en el rango de frecuencias extremadamente bajas (ELF). Estas frecuencias interactúan con el sistema global a través de las Resonancias Schumann, que van desde 7.83 hz hasta 39 hz. El cuerpo humano, particularmente el corazón y el cerebro, resuenan en el mismo rango de frecuencia, medido por un EKG y EEG.
El corazón es un oscilador de cristal líquido piezoeléctrico que produce pulsos electromagnéticos fuertes, que son gobernados o atenuados por el cerebro, irradiando hacia afuera hasta 10 metros del cuerpo. Al inducir estados mentales coherentes (generalmente a través de la meditación y el canto, el sonido, el yoga o el qi gong), la mente puede enfocar las energías del corazón en un campo coherente que puede interactuar o “conectarse” con el campo global.
El Dr. Michael Persinger realizó una investigación sobre la mente global postulando que el campo geomagnético, debido a los rangos de frecuencia de Schumann, tiene el potencial de vincularse con la mente humana, permitiendo que la información se “almacene” en el campo de la Tierra. Él fue capaz de demostrar históricamente que durante los tiempos de baja actividad geomagnética, los individuos experimentaron una mayor cognición espontánea o recibieron descargas telepáticas. Por el contrario, durante los tiempos de alta actividad geomagnética, las descargas telepáticas disminuyeron.
El campo geomagnético es el campo más grande en la Tierra, que abarca a todos los seres vivos y seres humanos dentro de un campo magnético coherente. A través del principio de arrastre o sincronización, gobernado por resonancia electromagnética simpática, la información dentro de la mente humana puede “subirse” al campo geomagnético y también puede “descargarse” a otras personas y tener efectos estabilizadores en cualquier cuerpo eléctrico. Cuanto mayor es la coherencia del individuo, más probable es que informen al campo geomagnético. Cuanto mayor es la coherencia del campo geomagnético, más probable es que la información se pueda compartir entre individuos.(mentealternativa.com)
El corazón es un oscilador de cristal líquido piezoeléctrico que produce pulsos electromagnéticos fuertes, que son gobernados o atenuados por el cerebro, irradiando hacia afuera hasta 10 metros del cuerpo. Al inducir estados mentales coherentes (generalmente a través de la meditación y el canto, el sonido, el yoga o el qi gong), la mente puede enfocar las energías del corazón en un campo coherente que puede interactuar o “conectarse” con el campo global.
El Dr. Michael Persinger realizó una investigación sobre la mente global postulando que el campo geomagnético, debido a los rangos de frecuencia de Schumann, tiene el potencial de vincularse con la mente humana, permitiendo que la información se “almacene” en el campo de la Tierra. Él fue capaz de demostrar históricamente que durante los tiempos de baja actividad geomagnética, los individuos experimentaron una mayor cognición espontánea o recibieron descargas telepáticas. Por el contrario, durante los tiempos de alta actividad geomagnética, las descargas telepáticas disminuyeron.
El campo geomagnético es el campo más grande en la Tierra, que abarca a todos los seres vivos y seres humanos dentro de un campo magnético coherente. A través del principio de arrastre o sincronización, gobernado por resonancia electromagnética simpática, la información dentro de la mente humana puede “subirse” al campo geomagnético y también puede “descargarse” a otras personas y tener efectos estabilizadores en cualquier cuerpo eléctrico. Cuanto mayor es la coherencia del individuo, más probable es que informen al campo geomagnético. Cuanto mayor es la coherencia del campo geomagnético, más probable es que la información se pueda compartir entre individuos.(mentealternativa.com)
SABIAS QUE.......
* Si no existiera el SOL, la vida en la Tierra sería imposible, es por ello que culturas de todo el Mundo lo han adorado como un Dios.
Sin embargo, en el Mundo de hoy, pasamos el 90% del tiempo dentro de nuestras casas y trabajos.
El SOL no es amarillo o naranja o rojo, es todos los colores mezclados; cuando el SOL sale los colores de onda corta(verde,azul,violeta) se dispersan, dejando solo la parte amarilla y roja del espectro. Cuando está alto en el cielo,sus ondas azules rebotan, lo que explica porque el cielo se ve azul y cuando ves el Arco Iris, es la luz del SOL separada en todos los colores.
*5 Civilizaciones desaparecieron del Planeta por culpa del “cambio climático”; desde que el Ser Humano habita la Tierra han sucedido drásticos cambios de clima, destruyendo a su paso civilizaciones enteras:
1-ANAZASI(EEUU) meseta de Colorado,siglos XII y XIII DC
2-Imperio KHMER(Camboya) y Ankor su Capital, siglo XIDC
3-VIKINGOS (Sur de Groenlandia)sigloXIVDC
4-HARAPPA (Pakistán)Edad del Bronce
5-LOS MAYAS (México)siglos VIII al IX DC
*Los científicos descubrieron que los Árboles tienen Corazón.
Hasta ahora los científicos pensaban que el agua se movía a través de los árboles por ósmosis y de alguna forma ésta permanecía en continuo movimiento. Pero se ha descubierto que los troncos y las raices de los árboles se contraen y expanden, para bombear agua desde las raices hasta las hojas, de manera similar al corazón humano.
*La CIA desclasificó 13 millones de paginas de documentos que incluyen avistamientos de Ovnis, experiencias psíquicas del Programa “Stargate” y “MKUltra”. Esta ola de desclasificación de documentos, viene después de largos esfuerzos de los defensores de la libertad de información e innumerables demandas contra la Agencia.
Sin embargo, en el Mundo de hoy, pasamos el 90% del tiempo dentro de nuestras casas y trabajos.
El SOL no es amarillo o naranja o rojo, es todos los colores mezclados; cuando el SOL sale los colores de onda corta(verde,azul,violeta) se dispersan, dejando solo la parte amarilla y roja del espectro. Cuando está alto en el cielo,sus ondas azules rebotan, lo que explica porque el cielo se ve azul y cuando ves el Arco Iris, es la luz del SOL separada en todos los colores.
*5 Civilizaciones desaparecieron del Planeta por culpa del “cambio climático”; desde que el Ser Humano habita la Tierra han sucedido drásticos cambios de clima, destruyendo a su paso civilizaciones enteras:
1-ANAZASI(EEUU) meseta de Colorado,siglos XII y XIII DC
2-Imperio KHMER(Camboya) y Ankor su Capital, siglo XIDC
3-VIKINGOS (Sur de Groenlandia)sigloXIVDC
4-HARAPPA (Pakistán)Edad del Bronce
5-LOS MAYAS (México)siglos VIII al IX DC
*Los científicos descubrieron que los Árboles tienen Corazón.
Hasta ahora los científicos pensaban que el agua se movía a través de los árboles por ósmosis y de alguna forma ésta permanecía en continuo movimiento. Pero se ha descubierto que los troncos y las raices de los árboles se contraen y expanden, para bombear agua desde las raices hasta las hojas, de manera similar al corazón humano.
*La CIA desclasificó 13 millones de paginas de documentos que incluyen avistamientos de Ovnis, experiencias psíquicas del Programa “Stargate” y “MKUltra”. Esta ola de desclasificación de documentos, viene después de largos esfuerzos de los defensores de la libertad de información e innumerables demandas contra la Agencia.
lunes, 26 de noviembre de 2018
La Felicidad.....
"LA FELICIDAD HUMANA GENERALMENTE NO SE LOGRA CON GRANDES GOLPES DE SUERTE, QUE PUEDEN OCURRIR POCAS VECES, SINO CON PEQUEÑAS COSAS QUE OCURREN TODOS LOS DÍAS"
Benjamin Franklin
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