"Comienza el día con una oración y hazlo con tanto fervor del alma que permanezca en ti hasta el anochecer; cierre el día con una plegaria, así podrá tener una noche en paz, libre de sueños y de pesadillas”. Gandhi
jueves, 10 de junio de 2010
La Frase
"Comienza el día con una oración y hazlo con tanto fervor del alma que permanezca en ti hasta el anochecer; cierre el día con una plegaria, así podrá tener una noche en paz, libre de sueños y de pesadillas”. Gandhi
Editorial: Enero 2004
¡2004! Faltan 8 años para que la Tierra conecte con el Real Tiempo del Universo e ingrese a la 4° dimensión. Es momento de compromiso para todos los Ramas, es momento de salir a despertar conciencias y de trasmitir el mensaje de Jesús.
Todo el Uruguay, los 19 departamentos son el 1° objetivo; los Guías lo han pedido claramente y no les podemos fallar. ¡El tiempo es ahora! Pues los acontecimientos profetizados se acercan y tenemos que prepararnos para ayudar a la Humanidad. Debemos atesorar en el morral: tolerancia, amor, fe, solidaridad, comprensión, perdón, unión, armonía, sabiduría, respeto, cariño, esperanza y alegría; éste es nuestro tesoro. Lo debemos cuidar para dárselo a los demás, ya que en el próximo tiempo la Humanidad lo va a necesitar.
Esa es la Misión, ser “Cristos” en la Tierra, hacer lo que Él hizo por nosotros y dar la vida por Amor. Debemos reafirmar nuestro compromiso y tener claro que todo un universo nos observa y también nos espera con nuestro lugar en la Confederación Galáctica (el N° 33).
Por Dios nuestro Señor, por los Hermanos Mayores, por el Maestro Jesús, por todos los que dieron su vida por el Plan y por todos los seres del universo (afines o no al Plan).
Que la Luz acompañe a todos los hermanos y sus familias es el deseo del Boletín Rahma. ¡Que así sea, así es y así será!
Todo el Uruguay, los 19 departamentos son el 1° objetivo; los Guías lo han pedido claramente y no les podemos fallar. ¡El tiempo es ahora! Pues los acontecimientos profetizados se acercan y tenemos que prepararnos para ayudar a la Humanidad. Debemos atesorar en el morral: tolerancia, amor, fe, solidaridad, comprensión, perdón, unión, armonía, sabiduría, respeto, cariño, esperanza y alegría; éste es nuestro tesoro. Lo debemos cuidar para dárselo a los demás, ya que en el próximo tiempo la Humanidad lo va a necesitar.
Esa es la Misión, ser “Cristos” en la Tierra, hacer lo que Él hizo por nosotros y dar la vida por Amor. Debemos reafirmar nuestro compromiso y tener claro que todo un universo nos observa y también nos espera con nuestro lugar en la Confederación Galáctica (el N° 33).
Por Dios nuestro Señor, por los Hermanos Mayores, por el Maestro Jesús, por todos los que dieron su vida por el Plan y por todos los seres del universo (afines o no al Plan).
Que la Luz acompañe a todos los hermanos y sus familias es el deseo del Boletín Rahma. ¡Que así sea, así es y así será!
miércoles, 2 de junio de 2010
Consejos para levantar el animo:
Las Profecías de los Indios Hopi (última entrega)

El cuarto signo: El Gran Abuelo no supo cuanto tiempo pasó a la entrada de la Gran Caverna, ni le importaba, porque había obtenido la visión por la que había venido. Fue en su última noche que vino su cuarta visión, esta vez en la forma de la voz de un pequeño niño. “El signo cuarto y final se verá en los diez inviernos siguientes, después de que las estrellas sangren. Durante este tiempo la Tierra se curará a sí misma y los hombres morirán. Por estos diez años, los hijos de la Tierra deberán permanecer escondidos en lugares remotos, sin un lugar de residencia permanente, evitando todo contacto con las fuerzas del hombre. Deberán permanecer escondidos, como los antiguos nómades y luchar contra la necesidad de retomar el contacto y la destrucción. La curiosidad matará a muchos.
Hubo un largo silencio. El Gran Abuelo pregunto al niño: ¿Habrá gran calamidad en todo el Mundo? Otro prolongado silencio y el niño de nuevo habló: Habrá gran calamidad como no es posible imaginar. Las aguas correrán sucias, envenenadas con los pecados de los hombres regando los suelos, lagos y ríos. Las cosechas se perderán, los animales del hombre morirán y la enfermedad matará a las masas. Los nietos se alimentarán de los despojos de los muertos y todo será gritos de dolor y angustia. Pandillas de hombres cazarán y matarán a otros hombres por alimento, y el agua siempre será escasa y más escasa por cada año que pasa. Las tierras, el agua, el cielo estarán envenenados y el hombre vivirá en la cólera del Creador. Al principio el hombre se refugiará en las ciudades, pero allí morirán. Unos pocos escaparán a lugares remotos, pero la naturaleza salvaje los destruirá, porque hace mucho tiempo les fue dada la oportunidad. El hombre será destruido, sus ciudades en ruinas, y entonces sus nietos deberán pagar por los pecados de sus abuelos y abuelas.
¿No hay ninguna esperanza? Pregunto el Gran Abuelo. El niño replicó: Sólo hay esperanza cuando se vean los primeros dos signos. En el tercer signo, la noche sangrienta, ya no hay esperanza, porque sólo los hijos de la Tierra podrán sobrevivir. Se dará al hombre estos signos de advertencia. Si no se les presta atención, no podrá haber esperanza, porque sólo los hijos de la Tierra serán purgados de los cánceres de la Humanidad, del pensamiento destructivo de la Humanidad. Serán los hijos de la Tierra quienes traerán la nueva esperanza de una nueva sociedad viviendo más cerca de la Tierra y del espíritu.
Luego se hizo silencio. El paisaje se despejó y todo volvió a ser normal. Y el Gran Abuelo salió de su visión, estremecido, y dijo que había vagado durante toda la nueva estación, tratando de comprender lo que había recibido, tratando de entender porqué él había sido elegido para recibir el mensaje”.
¡Hay que plantar! Semillas milagrosas (primera parte)
Que tu alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento, enunció Hipócrates, considerado el padre de la medicina, 400 años antes de Cristo. es que desde esas remotas épocas se sabe que todo lo que el ser humano precisa para mantenerse sano o para curar sus enfermedades puede hallarse en la Naturaleza y muy especialmente en el reino vegetal. Las proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales que nuestro organismo precisa para funcionar correctamente se obtienen básicamente de las plantas y si bien estamos acostumbrados a consumir hojas, frutos, tallos y raíces pocos sabemos que el mayor potencial energético de los vegetales se obtiene de las semillas, un concentrado de vitaminas y minerales cientos de veces superior a cualquier complejo vitamínico sintetizado en laboratorio.
Por eso consumir regularmente semillas es un método natural y eficaz para combatir diversas enfermedades siempre que se lo haga correctamente y con la suficiente continuidad.
Las semillas: una fuente de energía vital
No matéis a hombres ni a animales, ni siquiera al alimento que llevéis a vuestra boca. Pues si coméis alimento vivo, el mismo os vivificará; pero si matáis vuestro alimento, la comida muerta os matará también. Pues la vida, viene sólo de la vida.
Esta frase, pronunciada por Jesús ante sus discípulos, es uno de los tantos pasajes bíblicos que hablan sobre la correcta alimentación humana. Allí se resalta la importancia de no ingerir carne, ya que es preciso matar previamente al animal para alimentarse de su cuerpo y por lo tanto, de este modo, el hombre se alimenta de muerte.
La fruta y la verdura, en cambio, son alimentos vivos y los mismo sucede con las semillas, que poseen en germen toda la potencia de la futura planta. El momento en el cual toda esta energía de reserva que posee la semilla se activa es al iniciarse la germinación, ya que durante ese proceso se pone en marcha una auténtica fábrica productora de enzimas y otras sustancias, biológicamente activas.
En recuadro: La piel de Dios
Los indios chiriguanos, del pueblo guaraní, navegaron el río Pilcomayo, hace años o siglos, y llegaron hasta la frontera del imperio de los incas. Aquí se quedaron, ante las primeras alturas de los Andes, en espera de la tierra sin mal y sin muerte. Aquí cantan y bailan los perseguidores del Paraíso.
Los chiriguanos no conocían el papel. Descubren el papel, la palabra escrita, la palabra impresa, cuando los frailes franciscanos de Chuquisaca aparecen en esta comarca, después de mucho andar, trayendo libros sagrados en las alforjas.
Como no conocían el papel, ni sabían que lo necesitaban, los indios no tenían ninguna palabra para llamarlo. Hoy le ponen por nombre piel de Dios, porque el papel sirve para enviar mensajes a los amigos que están lejos.
De “Memoria del fuego (II)” de Eduardo Galeano.
Los chiriguanos no conocían el papel. Descubren el papel, la palabra escrita, la palabra impresa, cuando los frailes franciscanos de Chuquisaca aparecen en esta comarca, después de mucho andar, trayendo libros sagrados en las alforjas.
Como no conocían el papel, ni sabían que lo necesitaban, los indios no tenían ninguna palabra para llamarlo. Hoy le ponen por nombre piel de Dios, porque el papel sirve para enviar mensajes a los amigos que están lejos.
De “Memoria del fuego (II)” de Eduardo Galeano.
Las Profecías de los indios hopi (2° parte)
El segundo signo: El Gran Abuelo despertó nuevamente a la entrada de la Caverna. Al mirar a su alrededor todo había cambiado. Los campos se veían secos, sin vegetación y los campos moribundos. Un mortal calor se levanta de la Tierra y el polvo es grueso y pesado, el calor intenso y opresivo. Al mirar el cielo, el sol aparece más grande y más intenso. No se ven pájaros ni nubes y el aire parece ser más grueso. Entonces el cielo se agita y aparecen grandes agujeros en el cielo. Los agujeros se abren con gran estruendo, que resuena como el trueno, y la Tierra, las rocas y el suelo se estremecen.
La piel del cielo parece abrirse en heridas, como las heridas de una peste, un gran mar flotante de pestilencia, aceite y peces muertos. Fue a través de uno de estos agujeros que el Gran Abuelo vio los cuerpos de delfines muertos, junto con grandes levantamientos de la Tierra y violentas tormentas. Al sostenerse el temblor de tierra, sus ojos bajaron del cielo, y todo alrededor era un desastre. Montones de desechos se elevan hacía el cielo, los bosques yacen arrancados y moribundos, las costas inundadas y las tormentas crecen más violentas y estruendosas. A cada momento, la Tierra se sacude más fuertemente, amenazando con partirse y tragar al Gran Abuelo.
De pronto la Tierra deja de temblar y el cielo se despeja. El Gran Espíritu Guerrero aparece caminando entre el aire polvoriento y se detiene a corta distancia del Gran Abuelo. Al contemplar su rostro, el Gran Abuelo ve que lágrimas caen de los ojos del Gran Espíritu Guerrero, y que cada lágrima cae sobre la Tierra con un sonido cristalino. El Gran Espíritu contempla al Gran Abuelo por largo tiempo, y finalmente dice: “Agujeros en el Cielo”. El Gran Abuelo piensa, de manera incrédula: “Agujeros en el cielo...” Y el Gran Espíritu responde: “Estos serán el segundo signo de destrucción del hombre. Los agujeros en el cielo y todo lo que has visto podrán ser realidad. Es a partir de este momento que el hombre ya no podrá curar a la Tierra por ninguna acción física. Es entonces que el hombre deberá trabajar más duro para cambiar el futuro. Pero no sólo por la invocación puede el hombre curar la Tierra y a sí mismo.
El Gran Abuelo vacila en creer en los agujeros en el cielo. Hay una larga pausa. Entonces el Gran Espíritu Guerrero se le acerca susurrando: “Estos agujeros son el directo resultado de la vida del hombre, sus viajes, y los pecados de sus Abuelos y Abuelas, y serán el legado de sus vidas alejadas de la naturaleza. El signo de estos agujeros marcan el momento de una gran transición en el pensamiento de la humanidad. Quedarán entonces librados a una elección, elección entre continuar su sendero de destrucción o regresar a la sabiduría de la Tierra y una existencia más sencilla. Es entonces cuando se debe elegir, o todo está perdido”. Entonces el Espíritu se volvió y desapareció caminando entre el polvo.
El tercer signo: En los días siguientes el Gran Abuelo pasó a la entrada de la Caverna, para nada le habló, ni siquiera a la Tierra. El Gran Abuelo dice que se fueron días de gran tristeza y soledad, días para digerir lo que había visto. Supo que estos signos no aparecerían durante su vida, pero que debían ser trasmitidos a la gente del futuro con la misma fuerza y sentido de urgencia que le habían sido trasmitidos a él. Pero no sabía como hacerlo. Seguramente los chamanes y ancianos comprenderían, pero no así la sociedad, y menos alguien que esté alejado de la Tierra y el Espíritu.
Estuvo sentado por cuatro días, inmóvil como hecho de piedra, con su corazón pesado por la pesada carga que había contraído. Al final del cuarto día llegó la tercera visión. Contemplando los campos hacia la puesta del Sol, de pronto el cielo se tornó líquido y de color rojo sangre. Hasta donde sus ojos podían contemplar, el cielo era color rojo intenso, sin sombra ni nube ni variación alguna ni textura diferente. Toda la Creación parecía haberse detenido, como en espera de una orden superior. El tiempo, el lugar, el destino, parecen suspendidos en el cielo de sangre. Contempló largo tiempo el cielo, presa de la angustia y el terror, porque nada era como lo que había visto en toda su vida, ni en la salida ni en la puesta del sol. Era un color humano, no natural y tenía un aspecto siniestro y acechante. Parecía quemar la Tierra dondequiera que la tocara. Cuando se hizo la noche, las estrellas brillaron en rojo vivo, rojo que nunca abandonaba el cielo, y se escuchaban gritos de miedo y de dolor por todas partes.
Nuevamente el Gran Espíritu Guerrero se presentó al Gran Abuelo, pero ahora como una voz en los cielos. Como un trueno, la voz estremeció los campos: “Este es el tercer signo, la noche de las estrellas de sangre. Será conocido en todo el mundo, porque el cielo en todas partes será rojo con la sangre de los cielos, día y noche. Es entonces, con el tercer signo, que ya no habrá esperanza en lo material y en lo espiritual, será entonces que el hombre no ha cambiado en los signos anteriores, que el hombre sabrá que ha llegado la destrucción de la Tierra. Porque cuando el cielo sangre fuego no habrá refugio en el mundo del hombre.
El Gran Abuelo tembló de terror mientras la voz hablaba: “A partir de este momento, desde que las estrellas sangren, hasta la aparición del cuarto signo, habrá cuatro estaciones de tranquilidad. Durante estas estaciones los hijos de la Tierra deben internarse en las profundidades de lugares remotos y encontrar una nueva residencia, cerca de la Tierra y del Creador. Sólo los hijos de la Tierra sobrevivirán y deberán vivir la sabiduría de la Tierra, sin nunca regresar a los pensamientos del hombre. Y la supervivencia no será suficiente, porque los hijos de la Tierra deberán vivir cerca del Espíritu. Diles que no vacilen, cuando vean el tercer signo en las estrellas, porque sólo habrá cuatro estaciones para escapar”. El Gran Abuelo sostuvo esta visión por una semana y luego desapareció tan rápido como llegó.
Los Guerreros de la Luz
“El adversario es sabio:
Siempre que puede, hace uso de su arma más efectiva y fácil: la intriga. Cuando la utiliza, no necesita hacer mucho esfuerzo, porque otros están trabajando para él. Con palabras mal dirigidas se pueden destruir meses de dedicación, años en busca de armonía.
Con frecuencia el guerrero de la luz es víctima de esa celada. No sabe de dónde viene el golpe, y no tiene como probar que la intriga es falsa. La intriga no permite el derecho de defensa: condena sin juicio previo.
Entonces él aguanta las consecuencias y los castigos inmerecidos, pues la palabra tiene poder, y él lo sabe. Pero sufre en silencio, y jamás usa la misma arma para atacar a su adversario.
Un guerrero de la luz no es cobarde.
Del “Manual del Guerrero de la Luz” de Paulo Coelho
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